Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Observando’ Category

El 11-S en Don Tomate

La sandía estaba pagada, sólo había entrado en Don Tomate a echarla en una bolsa y subirla a casa. La operación no era tan fácil: la bola verde botella pesaba cerca de trece kilos. Entre Blanca, Araceli (las encargdas de la frutería) y yo, logramos que encajara perfectamente en una raída bolsa de malla que traía conmigo. Cuando agarré la malla por sus asas redondas de cuerda negra, imaginé por un instante que era un jugador de bolos salido de “Los Picapiedra”.
– ¿Puedes con ella? – me preguntaron. El tamaño de esa bala de cañón con pepitas era la anécdota de la mañana. Se preguntarían si seríamos capaces de comernos la pieza antes de que se estropease, por no especular sobre cómo partirla para encajarla de alguna forma en el frigorífico.
– Sí. Mañana celebraremos el 11S y nosotros vamos a llevar “la fruta” – les dije a modo de explicación, para que comprendieran que el canicón verdirrojo no iba a durar mucho. Sin embargo, aunque mis palabras despejaron sus dudas sobre la fruta, les crearon otras sobre el evento, a juzgar por la cara de Blanca.
– ¿Váis a “celebrar” el 11S…? ¡Ah, claro! Que es lo de las Torres Gemelas. Pues… muy bien.
Caí en la cuenta de que hablábamos de acontecimientos distintos y de que debía profundizar más si quería que no nos tomasen por yihaidistas fanáticos. ¡Cómo! ¡Nuestros clientes desde hace años resulta que brindan por el macabro atentado!, debió pensar la rubia dependienta en un flash mental.
– El 11 de septiembre es Año Nuevo en Etiopía. Desde el año pasado, algunos padres adoptantes en dicho país nos juntamos para celebrar su lejana Nochevieja: quedamos para comer y pasar la tarde en un parque, donde los niños jueguen. Y llevamos algún detalle cultural, banderas, un relato de historia, unas bengalas, algún traje típico… para ambientarlo. Este año, cada uno llevará un poco de comida. Nosotros, la fruta.
– Ah, bueno – dijo Blanca relajando los párpados – Pues qué bien entonces. Ya nos contaréis cómo lo habéis celebrado.
– Espero que comiendo sandía… – le contesté cargando como pude aquella bola de trece kilos.

Read Full Post »

Primera clase de pilates

Ayer tuve mi primera clase de pilates.

Recojo el boli que se me ha caído al suelo y os cuento la experiencia. Un momento…

Read Full Post »

Fruterías

La frutera era una chica joven de ojos alargados. Gastaba un aire despistado, no recordaba dónde colocaba el único cuchillo con el que rebanar los tallos de las coliflores, pero el trato era amable, aunque somnoliento. Era media mañana y yo quería comprar cinco kilos de naranjas de zumo por un par de euros. Atendía a una mujer (entre su turno y el mío mediaba el de un hombre extranjero) cuando entró una señora de abrigo fino y ocre, cercana a la ancianidad, toda agitada.

– Oye, perdona pero mira esto, hija… – se coló, con el beneplácito de todos los presentes- Mira qué granadas me has dado. Cuando he llegado a casa, he abierto una y mira, ¡está negra!

La chica joven de ojos alargados le recogió la bolsa, comprobó la granada partida en dos, sacó otra granada de la bolsa, buscó por enésima vez el cuchillo de rebanar coliflores, partió el fruto y se convenció. Salió del mostrador explicando que todas le habrían llegado igual, recogió la caja de granadas que tenía a la venta, volvió a la caja y devolvió a la señora casi anciana el importe de su inútil compra.

Decidí cambiar de frutería la siguiente semana.

La frutera era una mujer joven, de pelo liso recogido atrás y cara de muñeca de porcelana. Dispensaba con eficiencia pero su trato era mecánico, más parecido al de un cajero automático que al de una dependienta con frío en las manos. Era media mañana y yo quería comprar cinco kilos de naranjas de zumo por un par de euros. Atendía a una mujer (entre su turno y el mío mediaba el de un anciano) cuando entró una señora de chaquetón amarillento, cercana a la ancianidad, toda agitada.

– Hola, perdona, hija… – se coló, con el beneplácito de todos los presentes- ¡Me he llevado unas acelgas que no te había pedido!

La mujer joven con cara de muñeca de porcelana le recogió la bolsa, hizo un comentario de extrañeza, pues nadie le había comprado acelgas, la señora del abrigo amarillento le dijo que nunca come acelgas, que ella había pedido puerros, la frutera aceptó el error, extrajo las acelgas, metió un manojo de puerros y le dio como cambio la diferencia de precio. La mujer a la que estaba atendiendo cuando ocurrió este suceso siguió con su pedido e, influida por lo que había presenciado, solicitó unos puerros. ¿No serán acelgas?,  preguntó irónica la dependienta con su voz metálica.

De nuevo, decidí cambiar de frutería.

La próxima semana, volveré a la de la joven de ojos alargados. A fin de cuentas, ambas fruterías son franquicias de la misma cadena y en ambas pasan cosas curiosas, pero prefiero el trato agradable de una persona al automático de una muñeca de porcelana. Y venden cinco kilos de naranjas de zumo por un par de euros.

Read Full Post »

Se me han pasado dos películas por recomendar.

 

1. “Los 400 golpes“, de Truffaut.

Cine en blanco y negro (el que te ayuda a desengrasar la mente de tanto aceite reusado como echan en las películas comerciales), es decir, más relajante y con poso de valores positivos, aunque pierda en banda sonora y ambiente. Perdonen los puristas la generalización. Además, cine francés, que a mí me gusta. Un adolescente sufre el distanciamiento entre sus padres y el rechazo de su madre.  Su rebeldía aparecerá en el colegio e irá a más, iniciándose en la delincuencia hasta escaparse del mundo en el que sobre-vive, para llegar a ver el mar, todo ello, narrado desde la sensibilidad del chaval, que vive la hostilidad del mundo de los adultos (profesor, madre, ratero…). El actor protagonista se repetirá en siguientes películas de Truffaut. Indica Wikipedia que es autobiográfica. A mí me resultó conmovedora. Me sigue sorprendiendo la humanidad que se desprende de sus personajes, jueguen el papel que jueguen (un ladrón negociando con dos niños!!?), matiz que he observado más en películas en blanco y negro que en actuales, donde el malo no es malo sino peor. Lo que menos me gustó fue el ambiente musical y dejar la historia demasiado abierta. Totalmente recomendable.

 

2. “Irina Palm“, de Sam Garbarski (como si le conociera).

Me sonaba el título pero no el argumento. Cuando pasó la introducción y la protagonista se da un paseo por el Soho londinense, caí en el tema. Aunque es una comedia, no está contada como tal (“tragicomedia”, según el director). La historia de una familia inglesa cuyo hijo padece una rara enfermedad que sólo un especialista puede tratar… en Australia. Deben viajar allá durante una temporada pero, claro, no hay dinero. La abuela del niño, que no posee ni la casa que habita, ni pensión ni experiencia laboral, está dispuesta a ayudar en la recuperación de su nieto. Todas las empresas la rechazan, menos una: un sex shop (y más). Pese a su fuertes reticencias para aceptar el empleo, la abuela acaba viviendo allí una segunda juventud, ya que se convierte en “la mejor mano derecha de Londres”, pese a sufrir “codo de pajillera” por su actividad. Lo mejor, el contraste de la historia, la interpretación de los protagonistas y el ritmo de la película, basado en la edad de la protagonista. Lo peor, el ritmo de la película (yo no tengo la edad de la protagonista…), la interpretación de la nuera y la falta de explicaciones para justificar el empleo ante su hijo (demasiado artificial, aunque tal vez encaja en la cultura anglosajona). Merece la pena ver esta película. ¿Llegaríamos a tanto por un familiar que se muere?

 

 

Read Full Post »

Recomendaciones

Como no pretendo ser un crítico de nada, no me he puesto en la afanosa tarea de desarrollar una opinión argumentada sobre libros o películas que han pasado por el filtro de mis niñas. Hay excepciones, naturalmente, pero sólo son eso: excepciones. La regla ha sido la de no escribir, sólo disfrutar.

Llega un punto en el que mi memoria no abarca la lista de documentos textuales y visuales, y comienza a deshacerse de los más antiguos para dejar hueco a nuevos documentos. Tampoco me parece bien que se olviden esas sensaciones sin ningún provecho, salvo el particular y momentáneo. Como he detectado que ya he alcanzado (o, incluso, rebasado!) el máximo de mi capacidad retentiva a largo plazo, debo hacer lo que los informáticos llamamos un “core dumped”, un volcado de memoria. Así la puedo vaciar del todo sin problemas de conciencia.

LIBROS

1. “Monseñor Romero. Piezas para un retrato“, de María López Vigil.

Cuando cerró el Centro de Voluntariado Social de Valladolid, me quedé con este libro, con intención de leerlo algún día. Sin embargo, me olía demasiado a Iglesia y nunca me preocupé por él, ni siquiera para limpiar el polvo que se acumulaba sobre el canto de sus páginas. Un día de tedio decidí abrirlo, por rellenar la tarde y con intención de buscar algo más entretenido en la biblioteca al día siguiente. Descubrí que estaba formado por relatos anecdóticos breves y variados, lo cuál impulsó mi interés y mi lectura. Es más, en lugar de la típica biografía que sube a los altares al personaje desde su primera página, y con el prejuicio de que Monseñor Romero había sido un tipo fundamental en la historia de El Salvador, de los de la teología de la Liberación, encontré que las anécdotas hablaban de un obispo auxiliar sumiso a la Roma de los años 50 ó 60, impasible con el campesinado, amigable con el poder establecido y, gracias a Dios, con matices humanos, como la amistad con algún cura revolucionario. En cualquier caso, no era la imagen que yo tenía del monseñor. Roto mi prejuicio, creció mi interés. Poco a poco, la lectura de las anécdotas y recuerdos, recogidos entre las personas que lo trataron y escritos tal cuál (supongo) se expresaron, fue descubriéndome el proceso de transformación del obispo Romero, que pasó del extremo conservador al revolucionario (en el contexto eclesial). Extremo éste que, como ya es sabido, no gustó a sus antiguos y poderosos amigos. Sinceramente, es uno de los libros que más me ha impactado este año.

Se puede descargar aquí.

2. “Los objetos nos llaman“, de Juan José Millás. Delirante.

Novela autobiografiada o biografía novelada (esto es como la música: pop rock, agro-pop, flamenco pop, hip pop… todo vale para mezclar). El estilo es el que a mí me hubiera gustado desarrollar, nunca es tarde. Sencillo, ameno, la vida desde los ojos y fantasías de un niño. Altamente recomendable.

3. “Hay algo que no es como me dicen. El caso Nevenka Fernández”, del mismo autor.

Entretenido y contemporáneo. Historia ¿novelada? del proceso sobre acoso sexual de un alcalde hacia la concejala de Economía del ayuntamiento de Ponferrada, allá en 2002. En realidad, es el proceso vivido desde la experiencia de la víctima, pero con las reflexiones del escritor. Me quedé con ganas de una segunda parte… Recomendable.

4. “No mires debajo de la cama“, del mismo autor.

Cruza las visicitudes de una jueza con la de sus zapatos, los cuáles también tienen vida propia (vida que abarca buena parte de la novela). Es ingenioso en cuanto a la idea de dar espíritu a los zapatos, pero la historia que desarrolla me ha resultado muy aburrida, descoloca con algún “flashback” y, al final, cuando se juntan las historias de personajes y zapatos, retorcida. No leer.

5. “Cuentos de adulteros desorientados“, del mismo autor.

Relatos breves cuyo tema central es el adulterio: consecuencias, situaciones, reveses, sorpresas… Uno cree que sobre los cuernos se puede escribir poca cosa que sea original y me he encontrado un libro muy ameno, con varios relatos geniales, algunos desternillantes y todos narrados con ese estilo inconfundible de JJM. Altamente recomendable.

6. “Amanecer en el Desierto“, de Waris Dirie.

Biografía novelada de una modelo somalí que decide regresar a Somalia para visitar a su madre, referente fundamental en su vida. Es muy interesante por dos motivos: primero, narra los rasgos culturales de las tribus nómadas en el África oriental, vividas durante su infancia hasta que huyó de la familia y mantenidas a su regreso; segundo, el estilo es poco literario, muy “tal cuál lo siento, lo escribo”, lo que acerca mucho a la persona de Waris Dirie. Esto es importante porque este libro no es una historia de ida y vuelta, de huir de la pobreza, alcanzar el éxito occidental y me vuelvo a ver a mis padres en  el desierto, sino un alegato en contra de la ablación, mutilación que ella misma sufrió. Es recomendable.

Tiene una segunda parte que estoy leyendo: “Flor del desierto“, de la misma autora. Me está resultando menos vívida que la primera, en parte porque profundiza en los aspectos culturales que ya plasmó en el primer libro y en parte porque esta vez sí ha pasado por el tamiz de una escritora profesional, que ha pulido el estilo mucho más.

7. “Autómatas programables”, de… ¡Uy, éste no!

 

PELÍCULAS

 

1. “Dersu Uzala“, de Akira Kurosawa.

Una expedición rusa de exploración encuentra a un hombre, Derzu Uzala, que es cazador y vive en el bosque desde hace 40 años. El cazador y el capitán de la expedición, el hombre más cultivado de los militares, crearán una amistad basada en el respeto mutuo, la escucha y el aprendizaje. En el bosque, Derzu es el maestro, pero también el protector de la Naturaleza, de la armonía entre los seres que lo habitan, ya sean animales, plantas o cosas. Película con alegato ecologista que resalta los valores de la amistad y del respeto. Además, está basada en hechos reales: Derzu Uzala existió, así como el capitán (Vladimir Arseniev) y su expedición. Totalmente recomendable.

2. “Cuentos de la luna pálida de agosto“, de Kenji Mizoguchi.

Dos familias campesinas sufren las consecuencias de la avaricia y del reconocimiento. Son vecinos. En una, el hombre es alfarero y gana mucho dinero vendiendo sus vasijas en la ciudad, pero le parece poco. En la otra, su hermano no tiene otra idea en la cabeza que la de ser un famoso samurai, cueste lo que cueste. Ambos tienen la oportunidad de conseguir lo que quieren, aprovechando la guerra, pero el precio que pagarán por ello no les compensará. Película en blanco y negro. Puestos a estudiar valores humanos, se podrían sacar unos cuántos de este film. Aunque está muy bien valorada, como obra maestra, a mí no me ha terminado de llenar. Puede ser que haya que verla antes que la de los Siete Samuráis, no sé. Pasable.

3. “Cometas en el cielo“, de Marc Foster.

Dos niños, de distinta categoría social, crecen juntos y entablan una gran amistad en Afganistán. Tras la llegada de los talibanes al poder, uno se queda en el país y el otro puede comenzar una nueva vida en EEUU. Un día, pasados los años, recibe una carta que le hace regresar a su país para encontrar al hijo de su viejo amigo. Me encantó. Hay que verla.

4. “Alicia en el país de las maravillas“, de Tim Burton.

¿No podía haber elegido la cara de otra actriz, una que no tuviera un limón en la boca? El peor papel de Johnny Deep que recuerde. Y mira que me gusta la imagen del mundo particular de Burton (Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver), pero no. Hasta mi chico se acojona viendo el cartel de la película en el videoclub. Se salva la reina de corazones, será por su locura. No merece la pena.

5. “En el valle de Elah“, con Tommy Lee Jones.

Americanada. Lo mejor es el mensaje final: “Estados Unidos es un país que necesita ayuda”. No perder el tiempo.

6. “En un lugar de África

Una familia de alemanes judíos se libra de la Alemania nazi refugiándose en una granja en Kenya, pero allí trabajan para los ingleses, que miran más lo de ser alemanes que lo de ser judíos. Interesante el contraste entre la madre, quien cree que van a regresar a Alemania, y la hija, quien cree que van a vivir siempre en África. También el proceso de los padres, un abogado que ve la oportunidad de regresar a su país tras la guerra, y su mujer, que acaba amando el polvo africano. Esto no tiene doble sentido. Pero podría. Curiosa, entretenida, la persona del mayordomo me recuerda a Dersu Uzala. Pasable.

7. “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal“, del de las gafas y las barbas.

Sorprendente cómo enlaza hechos reales (los cráneos deformados de momias peruanas) con fantasía extraterrestre. Aparte de eso, la historia de siempre, contada de la misma manera, pero en distinto lugar y con distinto enemigo. ¡Anda, si Indy tiene un hijo! Animalito…”De que no”.

 

Empty memory.

Please, keep waiting while system is reloading…

 

 

 

 

 

 

Read Full Post »

Cine: Que se mueran los feos

Dado que ando con tiempo libre, ahora aprovecho para recuperar todas las sesiones de cine que no he podido disfrutar antes. Y, como ansioso por escuchar nuevas historias a través de la gran pantalla, me doy un atracón tras otro, tal vez con la idea de alcanzar los estrenos actuales para no hacer críticas de películas ya pasadas. De momento, es lo que hay.

La película que quiero recomendar “vivamente” es “Que se mueran los feos”, de Javier Cámara y Carmen Machi.

Me dio la sensación de que este film pasó sin pena ni gloria por la cartelería hispana. No estaba informado de su recaudación, número de espectadores ni trato por la crítica profesional. No había oído nada y me extrañaba: ¿un trabajo de Javier Cámara sin repercusión? Debo confesar que a mí me gusta mucho la vis cómica de este actor. Me reí mucho con él desde su aparición en la serie “7 vidas”. Luego, he oído menos de su trabajo, como que hubiera dejado de hacer cine, aunque he visto que salía en “Los girasoles ciegos”, que tengo pendiente de ver.

En principio, pensaba que “Que se mueran los feos” sería una patochada de humor superficial, aprovechando la España profunda del mundo rural. Prejuicio generado a partir del cartel. Me equivoqué, gracias a Dios.

Si es cierto que la película gira alrededor de una idea de humor superficial: un feo al que le rechazan todas las mujeres, sin embargo, ni el feo es tan feo, ni le rechazan todas las mujeres, ni la película es una secuencia de gags cuya única idea es que Eliseo, el personaje de Cámara, acabe rechazado de la manera más humillante posible. En la película se cuentan más historias,  las de sus amigos: un maestro de escuela con cuatro hijos, más centrado en escribir una novela e irse de parranda que en su familia; un mecánico “guaperas” (como han caracterizado al guaperas debe ser una ironía del guión) que se dedica a acostarse con toda la que se cruza; un cura que quiere ser misionero; una lesbiana que quiere ser madre, un padre que hace las veces de periodista, una cuñada separada que no tiene dónde ir… Y la propia historia de Eliseo es la de un chico joven, cuarentón, que siente que su vida necesita algo más que los fracasos con el género femenino y el trabajo en la granja familiar; quiere encontrar su propio destino, aquél que abandonó cuando rechazó entrar en el Conservatorio de Música para encargarse del negocio familiar porque su hermano, un vivales, se dio el piro en cuanto pudo.

Me han encantado varias cosas de esta película. En principio, la ternura con la que se cuentan estas historias. Cámara humaniza el personaje para que no sea el típico maniquí de serie de humor, para que tenga una personalidad, sensible pero decidida a salir adelante. El padre (personaje), aunque es un papel pequeño y secundario, se sale en su interpretación. María Pujalte estupenda criando cuatro hijos. La peluquera (Ingrid Rubio) y el guaperas le dan mucha frescura a la trama. Julián López, de Muchachada Nui, también borda su papel de empleado de Eliseo, deficiente y simpático, que lleva parte de la carga cómica de la película. Me ha encantado el escenario: un pueblo de montaña, donde las relaciones personales, como el agua, son más puras, más cristalinas, más fáciles de entablar y mantener.

¿Qué no me ha gustado? Principalmente la banda sonora. Vale que a una comedia no se le va a pedir que trabaje la banda sonora, pero entre el “Eres tú” y la canción que da título a la película, me han recordado más a la trama de gag superficial que a la tierna historia rural de cuatro buenos amigos.

Para verla, desde luego.

Read Full Post »

Cine: S. Darko

Escribo esto mientras veo la supuesta segunda parte de “Donnie Darko”. Digo “supuesta” porque películas como aquella no pueden tener segundas partes… buenas. Ni malas: en mi opinión, una película de culto es única; cualquier continuación no es otra cosa que un oportunismo que aprovecha el nombre de la primera, como lo de ser “el hijo de”, aprovechando el apellido pero careciendo de habilidades.
Debo indicar que esta afirmación no es del todo cierta con “S. Darko”. Tiene la habilidad de la fotografía, de la imagen. Grandes panorámicas del cielo en movimiento. Me han encantado.
Todo lo demás… Vale, las chicas son monas (hasta me he enamorado de la mala). Van en plan “Thelma y Louise” a buscar un trabajo a un club, gran futuro, pero se quedan en un pueblo típico americano, en el típico motel dirigido por un colgado por los ovnis. Se les avería el coche. Menos mal que pasa por ahí un guaperas salido de “Love Story”, cajetilla de tabaco en la manga de la camiseta ajustada, quien las hace de cicerone durante sus cuatro días de estancia. Cuatro días que le quedan al mundo para desaparecer, según predice el fantasma de una de ellas al loco del pueblo. ¿El fantasma? Sí, es que el futuro y el presente se mezclan para desarrollar la historia, pero utilizando los mismos o parecidos efectos especiales que en la primera parte (esos gusanos espacio-temporales que salen del pecho de las personas indicando los pasos que seguirán sus cuerpos).
El pueblo tiene varios personajes “misteriosos”: el cura aprovechado, la (creo) mujer del cura que es más devota que él, el empollón que se rasca el brazo, un ex-soldado vagabundo… Una fauna hecha para despistar y mantener la baja tensión que produce la película.
Por otro lado, hay demasiado ordenador. Meteoritos, hipercubos que caen del espacio, plumas de pavo real que parecen fluorescentes, el tiempo que retrocede un par de veces…
Y ninguna canción como la de “Mad World”, de Gary Jules.
Un fiasco, vamos. Como que he dejado de prestar atención a la película para escribir mi opinión sobre la misma.

Read Full Post »

Older Posts »