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Archive for 20 enero 2010

En 3º de BUP (Bachillerato Unificado Polivalente), ahora desaparecido, yo cursaba una asignatura llamada “Dibujo Técnico”. Sí, sí, había elegido el camino de las Ciencias Puras con la clara intención de dedicarme a la investigación tal día como hoy; no me tomé en serio las caras de decepción de mis profesoras de Historia y Literatura, y no cambié de elección al acceder a COU (Curso de Orientación Universitaria) ni a la hora de elegir carrera (¡qué obcecación la mía!). El caso es que la asignatura de “Dibujo Técnico” era de las pocas a las que asistía con alegría. Además de pasarme la hora trazando líneas con la escuadra y el compás, el ambiente en clase era de lo más relajado. Nuestro profesor (¿Diego?) era un tipete jóven, de aspecto fuerte, con algún centímetro de más en la barriguilla, pelo corto y carácter desenfadado y dialogante. Tras las breves explicaciones teóricas, lo mismo pasábamos tres días dibujando prismas que giraban en el espacio de las blancas hojas de A3. Naturalmente, comentábamos las noticias, nos levantábamos a ver cómo dibujaban los compañeros o nos dedicábamos a repasar otras asignaturas cuando habíamos concluido nuestro trabajo.

Nos sorprendió a todos cuando un día nos dijo: “Si queréis poner música, ahí al fondo tenéis un radiocasette”. ¡Toma! ¿Así que podíamos estar en clase y oyendo música al mismo tiempo? ¡El paraíso del estudiante adolescente! Sin embargo, nadie tenía una cinta de música (no tengo claro que los CD’s se hubieran inventado aún).

Al día siguiente de la noticia, yo llevé la cinta que a mí “me molaba”. Era de Enya. Nadie tuvo objeción en que la pusiera. Pasamos la clase escuchando la espiritual música de la cantante irlandesa. Y, al día siguiente, también. Y al siguiente. Y al otro; y al otro y… Ese curso nos salió Enya por las orejas, pero pocos protestaron.

Enya fue la primera razón que me motivó a hacer un viaje a Irlanda, que aún sigue pendiente, y la puerta de entrada a la música celta.

Ha puesto su voz a las bandas sonoras de Gladiator y El Señor de los Anillos.

No he vuelto a disfrutar en clase tanto como entonces. Gracias Enya, gracias profesor.

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