Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 15 diciembre 2009

Pedrajas de San Esteban. Finales de agosto de 1990. Con dieciséis años paso cuatro días en el pueblo de mi padre para vivir las fiestas patronales. La aventura se vuelve de lo más divertida: somos cinco primos de edades parecidas y con ganas de divertirnos. No pertenecemos a ninguna peña del pueblo pero ¿para qué? Vivimos en casa de mi tío, que nos mantiene el frigorífico repleto, dormimos la siesta en el salón y salimos y entramos de casa sin hora fija. Nos hemos juntado con un grupo de chicas para ir de copas y baile.  Son más jóvenes que nosotros; tendrán los catorce años, y son amigas de nuestra vecina María. Ellas sí tienen peña. Es un cuartucho, con un par de sillones desvencijados y un frigo con bebidas. Allí solemos tomar la primera de la noche, las demás, en los bares. Alicia me resultó la más interesante. Atractiva y tímida, parecía la más madura. Había dos hermanas simpáticas, María, que también era un encanto aunque parecía más niña, y Belinda, desenvuelta como pocas, espabilada, con las ideas claras y amante de la fiesta. David se enganchó a Belinda hasta que conoció a otra chica, que lloró mucho cuando las fiestas acabaron y mi primo regresó a la ciudad. María me miraba mucho pero a mí me gustaba más su hermana, que tenía mi edad y un ojo verde y otro azul. Un belleza extraña que también le atraía a Armando.

Armando. Metro noventa. Simpatía y cachondeo a raudales. Más tímido que yo, si cabe. Madrileño. Le conocí gracias a mi primo Felipe y ese verano se incorporó a mi corta lista de amigos íntimos. Una tarde, después de deambular por las calles de Pedrajas, Felipe comentó que había visto en una placa el apellido Merino, y que le sonaba de algo. Mi tía le aclaró que por algún extremo del árbol genealógico existían lazos de sangre con la familia de la placa y Felipe, resoluto y valiente, decidió presentarse al día siguiente a dicha familia. Ese mismo día trabó amistad con Armando y David, los nietos de la dueña de la placa. Dos días más tarde, pateando otra vez las calles del pueblo mientras esperábamos que llegara la noche y abrieran la discoteca, encontramos a los hermanos Merino jugando al baloncesto en la pista deportiva de un colegio. David era tan alto como Armando. Allí nos conocimos. Nos invitaron a jugar pero yo no me atrevía a hacer el ridículo frente a semejantes torres. Quedamos al día siguiente para echar unas canastas y salir por la noche.

Fue Armando quien me descubrió, aunque fueran muy conocidos yo no les escuchaba, a El Último de la Fila. Entre canción y canción de Manolo García y Quimi Portet nos jugábamos a las cartas a la hermana de María. Así matábamos los ratos tras la cena. El chinchón era nuestra especialidad. Una partida, un día de la semana para estar con ella. Creo que gané los martes, miércoles y sábados. Éramos caballeros entre nosotros. Y nos los pasábamos en grande en aquellas noches de verano en Pedrajas. Una vez, al año siguiente, a eso de las cinco de la mañana estábamos muertos de frío esperando que abrieran una hamburguesería  donde “desayunar”. Para entrar en calor decidimos correr durante quince minutos alrededor del parque. Parecía una escena anormal: dos adolescentes en manga corta a las tantas de la noche corriendo por la acera alrededor de un parque. Otro año nos propusimos ligar en fiestas (los dos éramos más cortados que los bombones de Uña). Esa vez le gané, gracias a Juani. Pero se desquitaría él un año más tarde, ya en la mili, aprovechando su metro noventa, traje caqui y posibilidades en Madrid.

Armando, el último de la fila. Justo donde me sentaba yo en clase. Resultó que su padre y el mío habían compartido correrías juveniles también. La vida da más vueltas que una peonza.

Read Full Post »

Sonreír eleva la moral

Conducía hacia el trabajo en una mañana de niebla intensa, la tradicional de Valladolid, y me ha dado por sonreír y, a la vez, imaginar que era una persona motivada, persona cuyo único deseo en ese momento era el ir a trabajar.

Con esa falsa sonrisa en la cara y la parodia de trabajador motivado, he pensado en los proyectos que he dejado de lado: el voluntariado en la ONGD, la carrera en la Uned, la idea de escribir relatos, la intención de leer más novela y cuentos, el deporte… Automáticamente, he creido que no tenía motivos realmente bloqueantes que me impidieran continuar con esos proyectos;  he sospechado que el día disponía de las horas suficientes para llevarlos a cabo, si bien no todos el mismo día, sí en cortos espacios de tiempo repartidos a lo largo de la semana. Los lunes, acción social; los martes, jueves y domingos, estudio; los miércoles y viernes, deporte; todas las noches, lectura; los sábados por la noche, escritura. Me ponía en esa situación y, más o menos, me sentía una persona satisfecha de ir realizando sus planes de vida. Lo que hace una sonrisa…

Al tomar el desvío hacia el Parque Tecnológico despierto de mi ensoñación. Me vuelvo a fijar en la espesa manta de niebla que me hace circular despacio. Mis labios vuelven a su horizontalidad natural. Veo que, una vez más, conduzco hacia la oficina; hoy, además, llego diez minutos más tarde porque Samuel se ha “saltado el guión” y ha hecho caca antes de salir hacia la guardería. Le he cambiado de pañal cuando ya teníamos los abrigos puestos. Lo gracioso es que él mismo me ha avisado: me ha dicho “Ca-ca”, con ojos de  “tú verás lo que haces”. Tampoco iba muy despierto porque anoche, de nuevo, me volví a enganchar a las series de la Fox y mis orejas aterrizaron sobre la almohada a las 2 de la mañana. No, macho, ver “Miénteme” (serie sobre la capacidad de descubrir si dicen la verdad a través de los gestos del cuerpo) no es válido como estudios de psicología, que de eso no me van a examinar. Me ha dado por pensar en las fechas que estamos y la cantidad de tiempo perdido en buscar algo de diversión por los canales de la caja tonta. Ahora sale un mensaje de fondo blanco que indica cuándo cada cadena deja de emitir en digital y sólo podrá verse en TDT. Para mí va a ser un alivio el dejar de disfrutarlos.  Si ese tiempo lo gano en horas de sueño, merecerá  mucho la pena. A ver qué tal paso “el mono” en febrero.  Tal vez, hasta me mueva un poco más, salga a caminar o a empujar la silla de Samuel al menos una hora, y con eso haga algo de deporte.  O bien, decida leer o estudiar. Está la cosa difícil. Mucho cansancio ocular después de la oficina. Uno no debe pasar tantas horas delante del ordenador. Mi vista ya se resiente. Que se lo digan a mi padre y a mi suegro, a quienes llevé  en coche el martes por la noche durante 200 kilómetros de curvas, rectas y cambios de rasante. No dijeron ni pío. No sé si porque el miedo les atenazaba o porque no había un tema de conversación interesante. Voy directo hacia las cataratas, me temo. Y por ese camino, las lecturas no son lo más apetecible. Naturalemente, sin ellas no hay escritura que me valga a mí…  Llego al garaje de la empresa. Mis labios mantienen su neutral horizontalidad.

¿Falto de sonrisas que me eleven la moral o prematura crisis de los 40? Es lo primero, qué demonios. Hay que sonreír más.

(Dedicado a Mingafría y Rosa. Chicos, sonreid. Es lo más rentable)

Read Full Post »

Lo siento mucho, Abdona

El domingo me enteré de una mala noticia. Visitábamos a los abuelos olmedanos del Marqués de Babillas.  En uno de los escasos momentos que Samuel nos permitía la relajación y el diálogo, aquellos y un servidor aprovecharon para repasar las ramas más antiguas del árbol genealógico. Una de las paternas me sorprendió: la bisabuela (creo) se llamaba Abdona. “Mira, como mi amiga de Pedrajas”, dije. “Pues hace poco que ha muerto su hermana…”, comentó mi padre. Pareció como que el cielo se hubiera nublado aún más de lo que ya estaba. Me quedé impresionado por la noticia. “Pero… si es muy jóven…”.

Mi padre está superficialmente enterado de la actualidad de su pueblo natal, aunque no viva en él desde que se casó. No conocía a Cecilia y yo, a decir verdad, tampoco. La vi una vez cenando en el piso de Valladolid, donde vivían las hermanas, y otra vez, creo recordar, en casa de sus padres, cuando visité a Abdona durante una gripe de cama y lectura.

Al día siguiente de la  visita, buceé en Internet para corroborar la noticia. En Pedrajas, enhorabuena, tienen una web que es como el periódico local, además de ser un lugar de lo más participativo. Efectivamente, la hermana de la chica más atractiva del instituto había fallecido el mes pasado.

Como la niebla en estas fechas invernales, me cubre la tristeza al intuir por lo que habrán pasado Abdona, sus padres, hermana y hermano, este otoño pasado. Espero que el calor y la compañía de los amigos y vecinos se haya hecho notar, que se hayan sentido muy acompañados tras la despedida de Cecilia. Por mi parte, querida Abdona, no he encontrado forma de ponerme en contacto contigo para darte el pésame. He encontrado el dni, datos de marcas deportivas, de notas de oposiciones y de concursos por vivienda de una persona con tu mismo nombre y apellidos (supongo que serás tú, Internet es lo que tiene), pero ni tu correo electrónico ni, por supuesto, tu teléfono. Así que no se me ha ocurrido mejor forma de darte el pésame que dejando constancia en este bitácora, con la esperanza de que algún día caigas por aquí y lo llegues a leer.

Lo siento mucho, guapa; te mando un abrazo allá donde estés ahora mismo; aunque sea tan frío como unas letras tras un cristal; conserva esos buenos momentos con tu hermana, que seguro habrán sido muchos, y sigue mirando hacia adelante.

(la letra aparentemente es pesimista, pero la idea esencial es positiva y optimista: somos ángeles, como Cecilia, como tú,  como todos, aunque tal vez no nos hayamos dado cuenta)

Read Full Post »