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Archive for 26 agosto 2009

CMP son las siglas de “Cambio Manual Pilotado”, la caja de cambios automática que incorporan casi todas las versiones del Grand C4 Picasso. Antesdeayer probamos un C4 con CMP, por eso de “como lo más probable es que nos compremos un coche con caja de cambios manual, la de toda la vida, al menos aprovechar para conducir un coche con cambio de marchas automático y saber qué tal va”.

El CMP no necesita embrague de pedal, así que el pie izquierdo se queda sin funciones, ya que dicho pedal desaparece. Esto supone un reajuste en el modo de conducción para quienes tenemos cogidos ciertos hábitos, como el de posar el pie izquierdo sobre el pedal de embrague “por si necesito cambiar de marcha rápidamente y que no se me cale el coche”  (cuando aprendí a conducir calé el Renault 12 varias veces, y mi padre… digamos que se impacientaba con esos fallos).

El caso es que apartar un hábito en los quince minutos de prueba es tarea difícil. A tal punto, que el técnico quiso dar un par de vueltas al concesionario para explicarnos el CMP a los novatos que venimos del cambio manual. “Yo te aconsejo que la pierna izquierda la flexiones y la pegues al asiento, y que no la muevas de ahí hasta el final”, me aconsejó, “Además, lo pones en la A de automático y no tienes que hacer nada más”.

Efectivamente. En el modo ‘A’ (conducción automática), uno sólo se preocupa de acelerar y frenar, lo cual es la mayor de las comodidades. El inconveniente, si lo tiene, es que el conductor gana algo de pasividad: no necesita ni el pie izquierdo ni la mano derecha para cambiar de marchas. Sólo se preocupa de los obstáculos de la carretera.

Sin embargo, el CMP tiene otros modos de conducción. El que yo quería probar, por eso de sentirme un poco Fernando Alonso, era el modo ‘M’ o modo ‘manual’ (de ahí las siglas CMP). Este modo hace que el conductor deba cambiar de marchas por él mismo, ya no lo hace el coche. Como la palanca de cambios ha desaparecido en beneficio de una pequeña neverita ideal para viajes largos en verano (¡gracias Citröen!), los cambios de marcha se ejecutan mediante unas levas o palanquitas parecidas a hachas de doble hoja, situadas detrás del volante y delante de las palancas de luces y limpiaparabrisas. Las levas van muy suaves. El único inconveniente que encontré en este modo ‘M’ fue que el motor no se oía y la única manera de saber cuándo cambiar de marcha era mirando la velocidad mostrada en la pantalla de ordenador.  Hubiera mirado el cuentarrevoluciones pero no lo distinguía bien con el fondo añil discotequero de la pantalla del ordenador. Espero que ese color sea configurable porque me puedo dejar la vista mirando las letras pequeñas. La conclusión que saqué fue que el técnico llevaba razón: “Con el modo ‘A’ no necesitas más”. Aparte, el modo automático gestiona mejor el consumo de combustible y ahorra más que el modo ‘M’ o ‘Fernando Alonso’.

La marcha atrás o modo ‘R’  (Mingafría, no es lo que tú piensas… y el chiste  “¡ es el modo R-icky !” ya lo he imaginado) va bastante suave en los aparcamientos. Al menos, Arancha, gran especialista en los momentos difíciles (poco espacio, coches pitando detrás), despejó sus dudas, porque yo ni me atreví a intentarlo, no fuera que rayara el metalizado. Lógicamente, saltó el sensor de aparcamiento que llevaba incorporado el modelo de C4 (paquete Premier), lo cual nos gustó.  Sólo falta aprender a entenderlo.

Dos inconvenientes nada serios le veo al CMP. Primero, que el cambio automático da un pequeño tirón que sólo notaba el conductor. El copiloto apenas  se enteró. Es muy leve y da la sensación de que el coche se queda.  Aparte, he leído en alguna página web que las levas no giran con el volante.  Segundo, el volante ha pasado a ser un centro de control, con muchos botones y 5 palancas (luces, limpiaparabrisas, levas de incremento/decremento de marcha y la palanca de posición de cambio automático, que no está en el volante sino detrás en el salpicadero). Un carajal al que hay que acostumbrarse. En mi caso, desgraciadamente, los brazos o radios del volante son tan cortos que no puedo agarrarlos con los cuatro dedos de la mano (excepto el pulgar), como hacía con el Clio, lo cual me fuerza a sujetar el volante por su circunferencia. Diréis que es lo normal, pero yo conducía más cómodo sujetando el volante por sus radios. En fin, era por poner alguna pega. En cualquier caso, han puesto unos apoyabrazos en los asientos delanteros, para mejorar el descanso del conductor. Al final, se dormirá y la tendremos seria…

EN CONCLUSIÓN: ayer encargamos un Grand C4 Picasso HDI 110 FAP CMP Premier. El motor no es para tirar cohetes pero sí para emitir menos CO2 (140 g/km), entrar en el plan 2000E y jubilar el Clio antes de que le llegue la I.T.V.

Así pues, cambiamos de coche y de conducción: de manual a pilotada, como reza el CMP. ¡Abróchense los cinturones!

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… pero, al final, nos quedaremos con el C4 Picasso Premier (¿5 plazas?), que es el que más nos ha gustado por espacio, comodidad de conducción, extras y precio. Como la operación es para aprovechar el plan 2000E, que exige un motor que produzca un máximo de 149 g/km, nuestro C4 llevará un motor HDI 1.6 110 cv (creo recordar), que cumple con la normativa. Los hay más potentes pero más contaminantes (una lástima). La duda que nos queda es si mejor 7 plazas o con 5 serán suficientes para niños y equipajes (contábamos con la abuela, pero como tiene coche…).

Esta tarde probaremos el coche. Y después podremos pasar a la etapa de pedir algunos presupuestos del mismo modelo y tipología en distintos concesionarios, para ver quién rebaja más.

En cuanto a los demás modelos vistos… el que más nos gustó, y lo hubiéramos comprado antes de subirnos al Citroen, fue el Seat Altea XL. Perdía en motor pero ganaba en prestaciones.

Del resto de los del título (en pocas palabras):

– el Peugeot 3008 tenía buena pinta pero no nos pareció tan espacioso,  la separación entre los asienteos delanteros, con la caja de cambios a modo barrera, no nos gustó, el precio tampoco y el comercial, al igual que el madelman del Zafira, nos quiso colar el modelo de exposición rebajado durante quince minutos. Menos mal que acabó hablando de Gila (“¿Que tengo que pagar 3 pesetas por el desgaste que sufre el patio debido a que mi niño juega en él todos los días? ¿Qué pasa, que mi niño no se desgasta también…?”). Eso sí, un maletero amplísimo.

– el Kia Carens era un estilo al 3008,  mucho mazacote para andar por el campo pero con alguna prestación menos al mismo precio.

– el Scenic no nos lo quisieron vender. Aún así, nos pareció más estrecho que el C4 y que otros. Creo que el motor también perdía por 4 ó 5 caballos con el C4.

– el Touran no nos gustó en cuanto a compartimientos. El motor era de potencia inferior al C4 , el maletero ‘vaya’ y el salpicadero tenía mejor pinta, aunque el jumbobox o como se llame la caja entre los asientos delanteros no nos gustó. En el concesionario había dos familias esperando a ser atendidas. Nosotros nos montamos directamente en el coche, cacharreamos mientras una niña nos miraba con cara de “¿y estos qué hacen?”, y nos fuimos sin que nadie se interesara por nuestra presencia, salvo la niña.

– y el Mazda 5… sale más caro y con menos prestaciones. La puerta corredera es fabulosa. Nos preguntamos cómo es posible que, haciendo monovolúmenes más anchos, no se les ocurre poner este tipo de puertas de serie, puesto que las plazas de garaje no se han ensanchado. El chico nos informó de que a finales de mes que viene saldrían con nuevas prestaciones… a mayor precio.

Lo mejor de esta búsqueda de nuevo coche en dos semanas ha sido el comentario, espontáneo y natural, de Arancha según pensábamos en marcas que aún no habíamos visto: “¡En Jaguar no hemos estado!”.  Rompimos a reír a la vez.

En conclusión, hoy probamos el C4 y esperamos salir más enamorados. Y del coche, también. Ahora toca mirar seguro: ¿mejor a todo riesgo o a terceros?

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La llegada del marqués, con todos los ropajes y utensiilios necesarios para atenderle como merece, junto a que nosotros dos ya somos como la familia Trapisonda (ésa típica de los años 70 que se va de vacaciones con el Seiscientos cargado de trastos hasta la bandera, incluidos flotadores y colchoneta ya hinchados), ha logrado que estemos mirando para cambiar de coche. Un crío desplaza a un Clio.

Ayer nos informamos de 3 y éstas fueron algunas de mis conclusiones:

1- El Toyota Verso tiene mucha seguridad y espacio, pero no me dio buenas sensaciones cuando me puse al volante.

2- El Ford C-Max me pareció estrecho comparado con el primero y apenas se podía ver el cuentakilómetros, pero su tamaño lo hace más adecuado a nuestras necesidades que el Toyota.

3- El Opel Zafira me gustó, de tamaño, espacio y accesorios, pero no pude apreciar qué sensaciones me daba estando al volante.

4- El orden de elección personal, de momento, queda así: Opel Zafira, Toyota Verso y descartado el Ford C-Max.  ¿Y por qué descartado este último?

5- La comercial que nos enseñó el Toyota se lo curró. Mientras nos hacía sentarnos en los asientos delantero y trasero, nos explicaba las maravillas de la seguridad que ha implementado la empresa japonesa en el modelo Verso, con características idénticas al BMW y al Audi, que si los faros hacen de espejo y reflejan un 33% más de luz, que si barras laterales por aquí, chasis independiente y reforzado por allá, acabados en tela sintética y plástico que no produce brillos, si es un 7 plazas a precio de 5 porque  est emodelo no lo han traido aún, que si la abuela fuma y le gustaría liarse con Segismundo Farnesio en el asiento del copiloto de un Toyota como éste. En fin, que nos embelleció la presentación a base de información sobre seguridad y prestaciones y casi salimos convencidos de no mirar más coches.

6- El espantapájaros que nos quiso vender en Ford sólo levantó un brazo para indicarnos el coche: “Éste es”. Nos subimos, toqueteamos, preguntamos, respondió lacónicamente a nuestras dudas, nos hizo un presupuesto en silencio y nos lo dio. Eso sí, incluyó el paquete “Fumador”, a pesar de que ninguno fumamos. “Así tiene cenicero y encendendor”, comentó. Y ya. Con el apelativo de “espantapájaros” no le he querido insultar, sino describir en una palabra el estado inerte del comercial mientras nos vendía el coche, cuando se supone que su función debería ser más parecida a la de la mujer del Toyota.

7- El tipo que nos mostró la Zafiro, además de ser un madelman sacado de la serie “Mujeres Desesperadas” (concretamente, el ex de la morena), nos quiso colar un vehículo que tenía en stcok, casi desmontado, a un precio bajo a condición de que los dos primeros meses estuviera a nombre del concesionario. De cuando en cuando, según nos hacía el presupuesto de otro modelo que nos interesó más, nos recordaba sutilmente el buen negocio que haríamos si le compráramos el modelo en stock. Colaba miradas de complicidad con nosotros y frases como “Te quedaría tirado de precio”, “Con esas prestaciones no lo váis a encontrar a ese precio”, “Te lo aseguro, es buena idea…”. Terminó de fastidiarlo todo cuando nos preguntó cuándo nos decidiríamos a comprar el coche que buscábamos: “Si os decidís esta semana, hablais conmigo. yo me voy de vacaciones el viernes y no regreso hasta septiembre. Si no os decidís esta semana, podéis volver en septiembre y podríamos ver si han salido nuevas alternativas…”. Que sí, que te quieres llevar la comisión, madelman sin uniforme.

8- Si bien la actuación de los comerciales me parece importante para recibir información (para poco más, pues ya sabemos que ellos, o alguno de sus familiares o amigos, siempre “tienen uno en casa igualito igualito al que te quieres comprar y le va fenomenal” -aplíquese esta frase para casi cualquier producto-), la no actuación de los comerciales (Ford C-Max) me parece definitiva para ponerse en contra del coche.

9- En cualquier caso, cómo se lo trabaje el comercial no es suficiente para dirigir mi opinión hacia un coche u otro. Me interesan más las características que lo contento que esté su primo de Albacete con la rueda de repuesto.

10- Debido a los dos últimos puntos, perfiero el Zafira al Verso, aunque prefiera a la comercial del Verso. Debido a los puntos 5 y 6, prefiero el Verso al C-Max, entre otras cosas porque la diferencia de actuación de los comerciales me aportó información para decidir.

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El día del marmota

Si mi autobús a la empresa me recoge sobre las 7:40, mi despertador me hace saltar de la cama a las 6:45. En esa casi hora, tengo tiempo para lavarme la cara, desayunar con cierta tranquilidad mientras escucho las noticias (muertes en carretera, corruptelas políticas, millonadas por deportistas), vestirme, preparar la comida a deglutir en el comedor de la oficina y, según el tiempo que me reste y caso de no haberlo hecho la noche anterior, ducharme, afeitarme o reinar. Aparte, claro, unos minutos,  como 7 a mi paso, para llegar a la parada del bus y empezar a sentir el frío del ambiente.

Pero, cuando como ayer, el despertador NO me hace saltar de la cama, y le apago porque ya ha sonado, y no recuerdo qué pensamiento o infusión de sueño me cruza por la cabeza que me hace seguir tumbado sobre la viscolástica del colchón, entonces todas estas operaciones quedan reducidas a: vestirme, correr al autobús.

Así, naturalmente, recibo como ‘buenos días’ frases del tipo “Tienes la arruga de la sábana marcada por la cara. De arriba a abajo…”

En el último mes, en dos ocasiones  me ha ocurrido que he llegado al autobús gracias a mi reloj biológico y no al artificial. Eso sí, el cabrón me despierta 10 minutos antes de que pase el transporte (recuerdo: 7 minutos hasta la parada). Pero no me quejo: más vale carrera mañanera que deber horas a santa nómina.

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