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Archive for 26 septiembre 2008

VacUNaciones

Hay decisiones pequeñas, aparentemente poco importantes, que pueden estropearte la fiesta.

Una de estas decisiones la tomé el lunes, cuando la amable señora que me atendió en el Centro de Vacunación Internacional, llámese Sanidad Exterior o como se prefiera, me informó de que una de las dos vacunas aconsejadas para cierto viaje necesitaba receta médica. Sin embargo, ambas vacunas debían ser recogidas e inyectadas en dicho Centro de Vacunación, no en el centro médico de mi pueblo. Es decir, debería pedir cita en mi médico para lograr una receta con la que acudir de nuevo al Centro de Vacunación, donde me la pondrían. Pelín lioso el asunto. Menos mal que estoy de vacaciones y las mañanas están libres, así que por poder, podía hacerlo.

Ésta es la presentación del conflicto. Matizándolo un poco, para entendernos, en unos meses debo viajar a Etiopía y preciso de vacunas porque en esas tierras no han erradicado enfermedades que aquí suenan exóticas. Tampoco han erradicado el hambre, ni la pobreza, ni la dependencia de países europeos, asiáticos o americanos. O no les hemos dejado… pero me salgo del tema. Una de las vacunas, la fiebre amarilla, es obligatoria y la otra, la de la meningitis tipo ACWY, era recomendable y ésta, mediante receta médica, salía más barata. No me llegó a quedar claro si podía  vacunarme de la meningitis sin necesidad de receta médica, pagando a tocateja lo que me quisieran clavar, aunque imagino que sí. El caso es que en ese momento debía decidir si iba a por receta o si me ponían las dos vacunas, y… opté por la receta. Al precio que salió la vacuna de la fiebre amarilla, 17 eureles, pensé que merecía la pena ahorrarse diez o doce yendo al médico. Idiota de mí.

No valoraba en ese momento que las vacaciones que no pasas visitando una reserva india o una ciudad alejada del epicentro de tu vida cotidiana suelen ser tiempo dedicado a “hacer cosas que no puedes hacer en tu horario de trabajo”: acudir a administraciones públicas, al médico (en el caso de mi pueblo), a vacunarse… A uno se le llena el tiempo libre con obligaciones que sí, son necesarias, pero terminan fulminando el concepto de vacaciones como “tiempo de descanso, de relajación, de recuperación mental, sin estrés”.

Así las cosas, la estúpida decisión de ahorrarme unos euros en la vacuna de la meningitis ha tenido como consecuencia el haber liado las mañanas del lunes al jueves en esta estúpida relación de hechos: Lunes, recepción de listado de vacunas y vacunación de la fiebre amarilla en Valladolid; Martes, cita médica para la receta de la vacuna de la meningitis en Laguna de Duero; Miércoles, infructuosa visita al Centro de Vacunación de Valladolid, con idea de pincharme la meningitis, pues había olvidado la cartilla de vacunación en casa (gfh#@hj{); Miércoles, nueva visita a Valladolid para inyectarme la maldita vacuna. No sólo habré perdido en billetes de autobús el ahorro del precio por la receta, sino que, y eso me duele más, he perdido tres maravillosas mañanas de una semana de vacaciones. Por no pensar. Total, para lo que tienen que proteger las meninges, como si no me la hubiera puesto. Solo falta que me agarre la cepa W o Y de la meningitis en Addis Abeba para mayor ironía del destino.

A pesar de todo, no hay mal que por bien no venga. Gracias a que tuve que volver al Centro de Vacunación allí tuve una agradable sorpresa. Sentada tras el mostrador de información encontré, más bien me encontró, Geli, compañera de un taller literario realizado hace tres años en la ciudad del Pisuerga. Actualizando nuestras vidas durante este período desde el taller, coincidimos en el gusto por seguir escribiendo, en el gusto por seguir estudiando y en que ella, más tarde o más temprano, también se verá obligada a pasar por el Centro de Vacunación Internacional para realizar un viaje con el mismo objetivo que el mío. Así que, un consejo te puedo dar, Geli: ponte todas las vacunas a la vez y olvídate de paseos. 😀

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Cuando el alcalde…

Comenzó la II edición del concurso “Relatos en cadena”. Lleva ya dos semanas y la primera me la he perdido por horas, pero en esta segunda he llegado a tiempo. A tiempo de no pasar el corte, pero eso “está en el contrato”, ya que será la tónica habitual, lo importante es participar, etc, etc, etc.

Me ha dado tiempo a presentar dos relatos para la segunda semana. Aquí va el primero:

Cuando el alcalde se acercó al cañón, supimos que deberíamos convocar elecciones.

Si llegábamos a sobrevivir. Lo elegimos por su mano dura, casi salomónica, con las disputas por las lindes entre los agricultores, pero desconocíamos su faceta de héroe y doliente patriota. En un instante, las delicadas negociaciones de paz entre los dos bandos se iban a convertir en humo. Humo que se elevaría desde la mesa imperial donde el gobernador firmaba una gloriosa capitulación tras dos meses de resistencia tenaz al asedio, y que disiparían los iracundos gritos de la caballería cosaca cuando, esta vez imparable, cayera de nuevo sobre nosotros. Se oyó un ¡pum! y perdimos la esperanza.

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Shampoo

Acaban de terminar las fiestas de mi pueblo. Quedarán en mi memoria por las divertidas actuaciones de teatro de calle, los Golden Apple Quartet y el concierto de Coff.. cof.. cof.. henoa. Dejo aquí dos frases de gran importancia:

– “La regla de oro para hacer malabarismo con fuego es no coger la antorcha por el extremo que más brilla” (Shampoo, cómico circense argentino) 😀

– 😀 😀 😀 ¡¡¡COMIENZO MIS VACACIONES!!!! (yo mismo) 😀 😀 😀

La consecuencia de esta segunda frase es que podré ir añadiendo contenido al blog, especialmente en la sección “Vivir del cuento”, pues ha empezado ya el 2º concurso de microrrelatos de la Cadena Ser y la Escuela de Escritores,  “Hermano Jesús”, pues continuaré la lectura del libro de Pagola, y “Psicología”, pues repasaré la psicología del desarrollo (por lo que pueda llegar este año) y le doy ese gusto a la Srta. Mowgly.

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Golden Apple Quartet

Maravilloso.

Si ayer el concierto fue de una voz, hoy lo ha sido de cuatro fabulosos artistas, “los Golden”. Había visto el video (abajo) del espectáculo que han traido a Laguna de Duero y, aunque se marcan una capella impecable en las canciones, el nivel de humor no me pareció excesivo. Verlos en directo me descubrió que el video no refleja bien el apelativo que mejor define el espectáculo: elogioso.

Les sobra sentido del humor, desde las moscas del principio hasta los Beatles del final. En algunos momentos llega a ser desternillante, sobre todo cuando trataban de traducir del inglés la siguiente canción country. Me recordó a Les Luthiers, también a Tricicle en determinados sketches. Todos magos del humor.

La idea del espectáculo es reflejar la dificultad del grupo por reconvertirse en artistas serios, que cantan canciones tal vez más técnicas, tal vez más difíciles para la garganta, pero sin humor alguno. Tratan, espoleados por Quique, el veterano, de ganar fama y prestigio a través de ese nuevo camino ya que “al cómico se le olvida en seguida”, pero los restantes componentes no pueden evitar la tentación de continuar por el camino que les marca el corazón, el del cachondeo, y revientan las canciones a la más mínima. El resultado es más de una hora de risas y agradable sonido vocal, un deleite que nos puso en pie para seguir aplaudiendo al final. Aunque el final sorprendió a unos cuántos: se encienden las luces del teatro, los artistas se retiran detrás del soporte que hace las veces de escenario, pero no a bambalinas, digamos que se esconden; parte del público, unas dos filas, se levantan y comienzan a salir, arrastrando a muchos más; aparece una cabeza desde el soporte, que mira incrédula ante lo que ve; el público ve la cabeza (de uno de ellos), duda (las luces encendidas, el escenario a oscuras); los Golden deciden salir antes de que la sangría de gente sea mayor, sacan los micrófonos y dicen “En nuestro contrato ponía que para actuar en Laguna teníamos que hacerles la pelota a los laguneros, así que os vamos a cantar una última… si queréis”; los que están de pie se sientan, los que se iban, vuelven, algunos se quedan apoyados en la pared y los cuatro vocalistas cierran su espectáculo, esta vez sí, entre otra sartenada de aplausos. Maravillosos.

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¡Qué voz!

¡Pero qué voz tiene esta chica!

Siempre que oigo una canción suya es lo primero que pienso. Qué envidia. Con una voz tan potente y una garganta de bronce como la suya, además de recorrer la piel de toro haciendo vibrar esqueletos, me harían caso en la cafetería en plena hora punta. Pero me basta con degustar por el oído su poderosa sonoridad y sus canciones. Como siempre, a la letra no le hago demasiado caso, es la melodía lo que me atrae la atención.

Elijo este video por el hecho de que estamos a 5 de septiembre, hay un vendaval de nueve nudos en la calle y esperamos lluvia de un momento a otro; en definitiva, ya no nos quedan días de verano.

Ayer pudimos disfrutar del directo de Amaral en la plaza de Toros de Valladolid. Impresionante explosión de energía y luces multicolores. La morena es un terremoto que se come el escenario. Lo mismo le hace coros al guitarrista que canta arrodillada, levanta el soporte del micrófono como si fuera a lanzar la jabalina, interpreta sus canciones con gestos teatrales, se acurruca en el suelo, se sienta y canta sentada unas lentas, brinca y se despeina… y todo, todo, sin soltar “un gallo” por esa garganta que Dios le ha dado ni perder un decibelio de fuerza. Como será que llegamos a sospechar que realmente no cantaba ella: debía ser el muñeco musical atado a una de las patas del trípode de la cámara de vídeo que grababa en directo el espectáculo, de los que suenan cuando les aprietan la barriga. De quitarse el sombrero y las enaguas, y arrojárselo en prenda de admiración. Me gustaron, sobre todo, dos detalles: nos daba las “muchísimas gracias” después de los aplausos y, antes de hacer el mutis final, regaló una pandereta a una persona de la primera fila, pero, como no le llegó, buscó la armónica que también había tocado en otra canción y se la hizo llegar.

El “pero” del concierto fueron los teloneros. Dos grupos. Los primeros fueron el grupo local Los Happening, donde predominó el guitarreo monotemático y la melena del cantante (un estilo a Pedro Guerra mix Calamaro); mientras que los segundos, a quien apodamos “Los gorrillas” por las gorras del solista y del guitarra, que parecían recién llegados de un día de caza menor, tenían a Rudy Fernández a la batería. Bueno, a un clon. Estos mostraron mayor variedad de melodías vocales, aunque al jefe no se le entendiera gran cosa. Nos acojonó cuando dijo “Damos las gracias por estos veinte minutos que vamos a pasar con vosotros”. ¿¿Todavía quedan 20 minutos, Maripili??

En definitiva, Sinatra, que el apelativo de “La voz” pasa a manos de Amaral te pongas como te pongas.

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