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Archive for 13 agosto 2008

Ahí estábamos nosotros, escuchando con las orejas abiertas y los ojos interesados, como personas de bien, el inicio de la homilía del domingo. El entorno era sobrio y elegante: la iglesia de San Bernardo, pero nosotros prestábamos atención a las palabras del sacerdote cuando nos hablaba de “la multiplicación de los panes y los peces”. En esto que, en lugar de “panes y peces”, se escucha claramente una mezcla de las consonantes de la primera palabra con las vocales de la segunda. ¡Ay, Dios! ¡Cuán difícil se me hace amarrar las comisuras de los labios para que no suban a las orejas! Venid acá y estaos quietas, las digo, que “errare humanum est” y el que está ahí es mi amigo. Un lapsus lo tiene cualquiera.

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Humor centenario

Lucio (100 años): Yo tenía diez años y me fui de peón con Clodoveo…

Sixto: ¿Con quién?

Lucio: Con Clodoveo. El que murió.

(A tu edad, querido amigo, esa explicación resulta evidente)

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Galilea era el territorio del norte de Palestina. Orográficamente tenía dos partes diferenciadas: el norte o Alta Galilea, montañoso y fronterizo, y el sur o Baja Galilea, con una región junto al lago Genesaret muy próspera en agricultura y pesca. A orillas del lago, tres poblaciones que aparecen en algunos pasajes del Evangelio, Cafarnaún, Magdala y Tiberíades. Rompiendo la planicie, el monte Tabor.

La sociedad era muy parecida a la de un país en vías de desarrollo: una mayoría que cultiva la tierra y una minoría que le impone impuestos y vive a su cuenta.

Prácticamente toda la población vive trabajando la tierra, excepto la élite de las ciudades, que se ocupa de tareas de gobierno, administración, recaudación de impuestos o vigilancia militar.¹

Estos grandes terratenientes vivían de ordinario en las ciudades, por lo que arrendaban sus tierras a los campesinos del lugar y las vigilaban por medio de administradores que actuaban en su nombre. Los contratos eran casi siempre muy exigentes para los campesinos. […] Los conflictos con el administrador o los propietarios eran frecuentes, sobre todo cuando la cosecha había sido pobre.²

Había, claro está, muchos campesinos que trabajaban tierras de su propiedad, ayudados por toda su familia. […] Había también bastantes que eras simples jornaleros […] Estos se movían por las aldeas buscando trabajo, sobre todo en la época de la cosecha o de la vendimia; recibían su salario casi siempre al atardecer de la jornada, […], muchos de ellos vivían entre el trabajo ocasional y la mendicidad.³

Desde el poder, esta política de extracción y tributación [tributos, tasas impuestos y diezmos] se legitima como una obligación de los campesinos hacia la élite, que defiende el país, protege sus tierras y lleva a cabo diversos servicios de administración. En realidad, esta organización económica no promovía el bien común del país, sino que favorecía el bienestar creciente de las élites.(4)

(¹) “Jesús, Aproximación histórica”, p. 21 (7ª edición) J.A. Pagola. Ed. PPC

(²y³) Idem, p. 23.

(4) Idem, p. 24

* * *

Mi comentario:

“Nada cambia, todo permanece”, decía Parménides (5). Hace dos mil años, el sistema económico no era muy distinto, en esencia, al de hoy en día. Unos realizan el trabajo diario, pagan sus impuestos a Hacienda, su hipoteca con dificultades, sufren el aumento del precio de los alimentos, del carburante, viven de trabajos inseguros y mal pagados para soportar el coste de la vida, no digamos ya el realizarse; otros, en cambio, viven sin problemas, de montajes televisivos, de la cuenta corriente de sus padres, de reunirse en consejos de administración y cenas de representación, de las influencias que ofrece la política, de sellar y resellar papeles que dan vida a una burocracia privilegiada, de poner firmas…

La diferencia después de dos mil años está en que, ahora, el “agricultor que trabaja la tierra y paga sus impuestos”, aspira a convertirse en uno más de las “élites que administran y gobiernan”. Un buen amigo en círculos de poder, un golpe de suerte en los juegos de azar, un programa de televisión, trabajar mucho la tierra o inventar algo que mejore su productividad, son posibles caminos para dar el salto. Antes el futuro era blanco o negro, según la clase social en la que habías nacido; hoy en día es gris oscuro, y más oscuro cuanto más “al sur” se viaje.

Otra diferencia está en los impuestos. Ahora se pagan menos y a menos gobernadores. Estos se han dado cuenta de que una clase media es imprescindible para soportar la jerarquía del estado del bienestar de algunos. Los imperios soportados por esclavos cayeron; el dualismo ricos-pobres puede generar sublevaciones; un colchón en medio de ambos hace que las cosas se mantengan a lo largo del tiempo, da estabilidad, seguridad… Todas las clases están abiertas, se puede entrar y salir de ellas mediante el esfuerzo o el golpe de suerte, pero deben mantenerse para que sigamos funcionando civilizadamente, unos arriba, los que tengan suerte, y otros abajo. Por eso, en esencia, la organización económica no ha cambiado demasiado. Nuestro sistema nos valora por la riqueza que produzcamos y nos facilita las cosas si, además, la vamos acumulando. Es el poder del dinero.

Cuán revolucionarias suenan las palabras de Mateo a los seres que nos preocupamos por la supervivencia desde que nacemos: “No acumuléis tesoros aquí en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los destruyen y donde los ladrones entran a robar. Acumulad, en cambio, tesoros en el cielo, donde la polilla y la herrumbre no los destruyen y los ladrones no entran a robar” (Mt, 6, 19 ). Y la supervivencia es la primera batalla perdida.

(5) Me corrijo a mí mismo: Heráclito decía “Todo cambia, nada permanece” y yo he adaptado esta frase pensando en Parménides. Éste defendía que todo lo que hay es parte de “el Ser”, está hecho de la misma materia y nunca cambia, pues “el Ser” es inmutable. Heráclito, por contra, defendía el cambio, el devenir, como la esencia de las cosas (“nadie se baña dos veces en el mismo río”).  Parménides nunca dijo la frase con la que he empezado el comentario, pero podría haberlo hecho. Permítaseme la licencia como introducción al comentario.

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Sixto es algo más que un amigo. Fue párroco de mi pueblo durante mi infancia y adolescencia, y yo andaba implicado en la parroquia como monaguillo de puertas adentro de la sacristía (no subía al altar “ni jarto vino”). Después le enviaron a Tudela de Duero. Los antiguos monaguillos íbamos en fiestas y nos dejaba dormir en la casa parroquial. Desde entonces sigue allí, ahora como párroco de Valbuena y San Bernardo, y sin casa parroquial que ofrecer, porque su habitación está en una buhardilla, pero con el mismo espíritu de lombriz: removiendo la tierra que le ha visto nacer; recordando a las conciencias tranquilas que deben estar intranquilas con este sistema injusto y despersonalizado; que Dios sigue llamándonos ‘hijos’ desde el fondo de un corazón ocupado en la supervivencia; organizando “El Día del Mundo Rural”, como estuvo años atrás; ocupándose de los ancianos, los que parece que ya no valen, desde la Fundación San Francisco; y manteniendo la iniciativa constante por mejorar el viñedo que le ha tocado trabajar, con ayuda de Emiliano y Ángel, curas a quienes no conozco pero que estarán hechos con el mismo molde.

Entre los tres, y con ayuda de más cristianos comprometidos, vienen realizando encuentros periódicos para buscar soluciones a la realidad que les circunda. Empiezan a parir una idea nueva, que no novedosa: poner voz a los excluídos de esta sociedad (presos, inmigrantes, prostitutas, ancianos, sin techo…) y se apoyan en las nuevas tecnologías, que es una de las mejores formas de hacer llegar un mensaje en estos tiempos. Así, han abierto una bitácora o blog en esta casa, la de WordPress, y yo la enlazo porque me parece que es una de esas cosas buenas que la gente debe conocer. De momento tiene poco contenido, pues están dando los primeros pasos, pero crecerá, pues se alimenta con nutrientes esenciales.

http://lavozdelosdebiles.wordpress.com/

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Dancing letters

Será porque es viernes y estamos pensando en el fin de semana. El diálogo ha sido curioso:

EZV: Estoy agalvanado esta mañana.

C.: Siéntate y cuéntame algo.

EZV (sentado): A ver…

C. (mirando la pantalla de su ordenador): Ya hemos hablado de las vacaciones… ¿Qué pasa por ahí?

EZV: Estoy adoptando.

C.(sin dejar de mirar la pantalla): ¿Te estás adaptando? Pues eso está muy bien. Hace mucho calor…

EZV: …

Decidí llevar la conversación por los derroteros de la adaptación al calor porque estaba agalvanado y no tenía ánimo de relatar la experiencia, así que pospuse el sacarlo del error para hacerlo en un futuro cercano. Tal vez a través de este post. Nos echaremos unas risas, él el primero. Lo cómico de la situación me alegró el resto de la mañana, y lo agradecí.

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