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Archive for 30 julio 2008

Lo que tiene irse un par de meses a Venezuela a acompañar a comunidades cristianas de base es que los chistes cuesta un milisegundo más procesarlos:

¿Por qué lleva usted un preservativo en el bolsillo? – le pregunta un periodista al Papa.
Por si La Santa Sede.

(el título del post es una frase de Antonio, cura; el chiste me lo contó Eutiquio, también cura)

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Tras casi año y medio de papeleos, colas en la administración, compulsas, certificados, entrevistas,  viajes, esperas, angustias y sinsabores, ayer estampamos la firma para (seguir tramitando) la adopción de un niño o niña etíope.

Y, tras casi año y medio, ahora sí podemos llamarlo “embarazo burocrático”, pues nos quedarían ya unos nueves meses para parir un viaje por las tierras del café. Aunque, eso sí, si una cosa hemos aprendido es que no hay plazos fijos en estos procesos y que cualquier firma, sello o política nueva puede hacer que el embarazo se multiplique por dos o, incluso, se trunque. Pero no va a ser así…

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Como estoy convencido de que haré más visitas al Valle de Mena, una de las merindades de la provincia de Burgos, lo titulo con un (I).

Y estoy convencido porque lo que ofrece el valle me resulta bastante completo para pasar unos días desenchufado del mundo: naturaleza, arte, gastronomía… Estuvimos un sólo fin de semana con la excusa del Paso de Drake y, descontando el libro y el viaje, sólo pudimos aprovechar la tarde del sábado.

Eso sí, recorrimos el contorno del pantano de Ordunte, que está rodeado de ciruelos silvestres, bosques de cedros donde la luz no alcanza la tierra, algún acceso al agua del embalse, percherones pastando en los campos, los montes que originan el Valle cubiertos de una espesa arboleda y un par de pueblos como Nava y Ribota. Sobre las aguas del pantano, una familia de garzas pescando.

Pantano de Ordunte (1)

Pantano de Ordunte (1)

Pantano de Ordunte (2)

Pantano de Ordunte (2)

De regreso, conocimos el chiquitito pero cuidado pueblo de Irús y comenzamos la calzada romana que aún se resiste a desaparecer. Parte del cementerio y sigue paralela a un riachuelo que tiene un par de saltos de agua con pozas azules. En época de lluvias, el sonido debe ser ensordecedor. A la vera del caudal, la familia de percherones pacen en amor y compañía. incluso alguna culebrilla se atreve a cruzar el sendero.

Calzada romana

Calzada romana

Percherones

Percherones

El domingo, bajo una intensa lluvia finísima, conocemos las tres calles ancestrales de Villasana de Mena, con la casa Fuelle y su peligrosa sonrisa en el balcón, el convento y la torre de Atienzo, asaltada y conquistada por una formidable hiedra.

Casa Fuelle

Casa Fuelle

Torre de Atienzo

Torre de Atienzo

Hay muchísimas cosas más por ver: a quien le guste el arte, el Románico Menés; a quien le gusten los “deportes”, los cotos de pesca y la posibilidad de recorrer el valle en bici; a quien disfrute con la naturaleza, el nacimiento del río Cadagua, hayedos, picos y senderos; quien quiera concursos, el de balcones de Villasana… Lo único que le falta al Valle es un camping.

Merindades

Merindades

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Es una forma de decir que no hubo suerte encontrando el libro. Realmente no sólo no pasa sino que, además, le hubiera gustado hacer un viaje por el centro del pecho de Castilla, como luego contaré. Sin embargo, ambos, él y yo, tendremos que esperar a mejor ocasión, tal vez en septiembre.

El punto donde el libro se encontraba enterrado era una linde de terreno en Villanueva de Mena. Comprendí que me había equivocado en la escala de los mapas que llevaba, impresiones de la zona obtenidas desde Google Earth y SigPac, cuando pasamos el pueblo sin enterarnos y llegamos a Villasana de Mena, quinientos metros más allá. Despistado, necesitaba orientar los mapas, así que entramos en la oficina de información. La chica que allí atiende acababa de abrir (eran las 17 horas) y no había encendido aún el ordenador cuando le explicamos el problema: Paso Drake… Traigo estos mapas… Me puedes orientar… Si he entrado por esta carretera que no es la general, entonces llegaría por…. Y la muchacha, muy amable, me señaló los posibles accesos desde los que entraría en Villanueva al deshacer el camino.

Fue perfecto. En el primer cruce, descendimos por una cuestecilla, dejando el frontón y un par de chicas sentadas en un banco a nuestra derecha. Curiosamente, era la misma calle que marcaba el mapa de Google Earth, así que detuvimos el coche y empezamos a mirar la foto-baliza que apunta la localización exacta del libro. Habíamos aparcado a menos de tres metros del punto G (de Google…). Se acabó la búsqueda, empezaba la emoción. Removimos piedras durante cinco minutos pero no encontramos nada. Miramos alrededor de la tabla con la flecha pintada: no había señal de enterramiento. ¿No estaría ahí? Sí, sí, tenía que estarlo porque la web así lo decía. Me empecé a preocupar. Eran las cinco de la tarde de un día caluroso y no había gente en esa parte del pueblo… salvo las dos chicas, quienes se habían levantado del banco y nos miraban con un punto de curiosidad y otro de extrañeza. Decidí preguntarlas.

Hola… Un libro enterrado aquí… Sabéis algo…, conté el contexto de nuestra acción una vez más. Es que…, balbució la morena de unos catorce años, … una chica lo encontró y se lo ha llevado. ¿Y la conoces? ¿Es de aquí?. Nos acabó confesando, no sin dificultad, que su prima había encontrado el libro por casualidad y había descubierto que debía escribir un capítulo y enterrarlo. El capítulo ya lo tenía escrito, pero a ordenador, y le faltaba pasarlo al libro. ¿Y la puedes llamar?. Es que está en la playa. Ok, te dejo mi teléfono y se lo das; si mañana lo tiene escrito, me puede llamar, pasamos por aquí y le recogemos el libro. Vale, voy a casa a avisarla por teléfono. Y montaron en sus bicicletas y subieron la cuesta de la iglesia con vivo pedaleo.

Al día siguiente no recibí llamada alguna, como imaginaba. Así que nos centramos en disfrutar de los buensabores del Valle de Mena, lo que contaré en otra entrada. Regresamos el domingo, yo con un regusto agridulce por no traer conmigo el esperado tesoro.

Dos días más tarde, por la mañana, recibo la llamada de MJ., técnico de deportes del ayuntamiento de Villasana. Hola. ¿Eres el Zorro Volador y has estado por Mena buscando el libro de Drake?. Pues sí, ¿y cómo tienes mi teléfono?. Se lo dejaste a una chica de Villanueva… La persona que lo había recogido no informó a los organizadores y no actualizaron la web, pero ¿no te había llegado mi correo? En él te decía que estaban escribiendo el libro y que sería mejor que dejárais el viaje a Mena para más adelante. Pues no, no me llegó. ¿Y qué hacemos? A mí me hubiera gustado que lo encontraras y te lo llevaras a Valladolid, porque allí tengo amigos que están interesados también en seguir con su escritura. Ya, yo en Septiembre tengo vacaciones y tal vez pueda subir de nuevo, si es que sigue allí, para seguir visitando el Valle también; si quieres, que lo entierren por allá y en septiembre nos ponemos en contacto para ver qué se puede hacer. Me parece buena idea…

Y así, mi relación con el Paso de Drake ha quedado en pausa hasta que “pause” el verano y saque un par de días para volver a buscarlo. Agradezco enormemente a MJ su llamada e interés después del viaje que hicimos (3 horitas) con la excusa del libro enterrado. Creo que, si los buscadores de libros enterrados se van de vacaciones, al final lograré añadir un capítulo a la aventura de Pedro Villaleme, su amada Inés (no recuerdo el nombre) y el escocés que lo salvó de morir ahogado. Y enterrarlo en un pinar, por supuesto.

Por cierto, la posición geográfica de Google Earth fue completamente precisa. La de SigPac se iba en muchos metros del objetivo.

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No, no paso de Drake, de hecho voy a buscarlo. Vale, Sir Francis Drake está más que disuelto entre las moléculas de este planeta, así que no me molestaré en buscarle a él: buscaré cierto libro enterrado, no disuelto, en el norte de Burgos. Concretamente en estas coordenadas geográficas:

  • N 43º 05´59´´
  • O 03º 18´08´´

¿Qué relación hay entre Drake y un libro enterrado y a medio escribir? Lo mejor es preguntárselo a los que tuvieron la iniciativa. Se trata de un juego en el que he decidido participar, parecido al BookCrossing. En el Valle de Mena, Burgos, han empezado a escribir un libro, a razón de página-capítulo cada autor, con la ligera dificultad de que, para participar en la escritura del mismo, el autor debe primero encontrar el libro. ¿Cómo lo puede encontrar? Visitando la página del juego “Paso Drake“, obteniendo ahí las coordenadas geográficas y la foto que indica la señal bajo la que se encuentra enterrado, y yendo a desenterrarlo. Si hay suerte y no lo ha encontrado otra persona antes, se desentierra, se lleva a casa, se añade un capítulo siguiendo la historia narrada, se esconde, se señaliza el escondite, se toma la foto de la señal y sus coordenadas mediante GPS, y se envían a la dirección de correo que indica la página del juego, donde actualizarán los datos.

Hay que señalar que, para evitar perder lo conseguido por humedad, robo o extravío, también se envía por email el capítulo añadido, para que pueda agregarlo a la versión digital del libro. Esta versión se puede descargar en la misma página web (al final), para poder leer la historia escrita hasta el momento actual por el colectivo de participantes.

Mi hermana levantó la liebre sobre este juego, tal vez me quiso animar a seguir escribiendo empujada por la inercia de haber quedado finalista semanal del concurso de microrrelatos de la Cadena Ser. Entonces no era el momento adecuado (los exámenes se acercaban) y decidí esperar hasta el verano. Pues bien, este fin de semana, en pocas horas a partir de ‘ya’, partiré hacia el Valle de Mena, a buscar el libro de Drake y, de paso, patear los riscos y meandros que la zona me ofrezca.

Ni qué decir tiene que espero encontrarlo, aunque mis GPS’s de Google Earth y del SigPac, me dan dos y tres posibles puntos, distanciados en unos metros. Que se lo que Dios y la brújula quieran. Haya suerte o no, la tienda de camping ya está preparada.

A la vuelta seguiremos informando.

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Debí estar ahí

pero, como los presidentes de este país, me he enterado por la prensa y a toro pasado.

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Nuevos vecinos

Mónica Bloom, antigua y divertida compañera de un curso de diseño gráfico, realizado durante un verano sin trabajo, acaba de abrir un blog. En él refleja la misma frescura que gasta la chica más pizpireta que recuerdo haber conocido. Lo suyo es conocerla en persona, hacerla hablar de su pueblo, Velilla, del gato de su abuela, de Alan, de Bilbao, de Londres, del restaurante, de las pocas ganas que tenía de encontrar un trabajo… Y echarse unas risas con ella. Mónica, bienvenida al grupo de alas batientes.

Por otro lado, gracias al enlace del único comentario que me ha dejado, he podido descubrir a Toronaga, un devorador de libros que, no sólo se enriquece en sus lecturas, también las comparte con el público. Me recuerda poderosamente a Santi, a quien yo llamaba “mi editor” por lo versado que estaba en libros de segunda mano y porque tenía la esperanza de que algún día me publicara uno: el que está por empezar. Hicimos muy buenas migas pero yo cambié de ciudad y él de actitud. Toronaga es lo más parecido a su faceta de curtido bibliotecario privado. Y, qué leches, que la cultura merece ser extendida. Bienvenido tú también.

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