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Archive for 26 diciembre 2006

Feliz Davidad

Me dice su madre que ya es libre, que por fin se ha terminado su baño en el pozo oscuro de la prisión, que ya puede vivir con una cierta normalidad, con sentirse como un ciudadano de a pie, mirando el sol o el horizonte por largas horas, sin preocuparse de que le den las nueve para ir a fichar, no sea que el aparato que le instalaron junto al teléfono no detecte su tobillera electrónica y se dispare una alarma en un panel policial, que ya puede trasnochar un lunes o quedarse a dormir en casa de un amigo, que ya puede hacer un curso de clases presenciales y no depender de la Uned, que ya puede salir de la ciudad sin solicitar permisos especiales, que sí, que el día ha llegado, que muchas gracias por acompañarle en este proceso de adaptación a la vida de fuera, la que mira la cárcel como si de un cubo de basura se tratara, creyendo que de ella solamente entran y salen desperdicios, o deseando que fusilaran a todos los internos porque “además de que me roban, encima les pago la manutención”, olvidándose tal vez de que ni todos los ladrones están entre rejas ni todos los que están entre rejas son ladrones, que los “desperdicios” que entran y salen son personas que también sufren, que la tienen que pagar porque la cagaron, pero que también sufren, como David superando un cáncer convertido en pelota de tenis alojada en su cuello, desconfiando de todo el mundo porque le querían por sus cigarrillos o para chivarse luego a los funcionarios, viendo cómo le denegaban permisos para salir de excursión con nosotros pese a ser un recluso modelo y confiable, resignado a estudiar en mes y medio las asignaturas de segundo de carrera porque no le habían entregado los libros hasta principios de diciembre o buscando un trabajo desesperadamente para mantener el tercer grado.

Y porque ya es libre, y porque ya tiene un trabajo, y porque sale con una chica, y porque viven juntos y pagan su alquiler y porque pueden contemplar el horizonte el tiempo que les dé la gana…

FELIZ NAVIDAD, DAVID, Y UN 2007 LLENO DE AMISTADES

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Deseos o supersticiones

El sábado pasado estuvimos con Ana y Andrés, amigos egkelandeses que, al igual que Nos, se han embarcado en la costosa tarea de pagarse un nido propio. Ellos se acercaron a acompañar a la abuela de Andrés, ingresada en el hospital universitario. Allí acudimos a verles y allí me encontré lo siguiente.

En el vestíbulo de Urgencias habían colocado un Portal de Belén austero: pesebre, figuras básicas, fondo decorado y luces navideñas. Me sorprendió que el pesebre lo hubieran convertido en una especie de vitrina, pues gozaba de un plástico grueso o cristal que separaba los elementos del Misterio de pastores, ovejas y ángeles pelados de frío en la inclemente noche judaica, aparte de aclarar  las intenciones a los cleptómanos incurables. ¡Un pesebre acristalado! Merecía la pena verlo de cerca, así que aproximé mis dioptrías a esa original urna y, ¡oh, violá!, encontré que el suelo del pesebre estaba inundado de monedas de céntimos de euro o calderilla. Y me pregunté: “¿Desde cuándo se echan monedas al pesebre? ¿La gente pide deseos al Niño Jesús a cambio de monedillas?“.

La explicación más cabal que me atrevo a postular es que el que pasa por el vestíbulo de Urgencias de un hospital, o es por trabajo o por enfermedad propia o cercana. En este caso, los más desesperados con la ciencia moderna se agarrarán a cualquier cosa que pueda salvar el pellejo a sus familiares ingresados: bien un pesebre-urna, bien la Sagrada Familia, unas velas a San Antonio de Padua o un chamán sudamericano… lo que les pongan a tiro. Un pesebre belenero lleno de céntimos en un hospital no me parece mal: me inclino a pensar que a la gente le mueve su preocupación por la salud ajena. Y eso siempre es de agradecer.

Otra cosa es que tomemos como costumbre el descargar nuestra calderilla cada vez que encontramos cuatro paredes acristaladas o un charquito de agua, confundiendo la mostaza con la Fontana de Trevi y contaminando las aguas que se encuentren embalsadas porque queremos un deportivo rojo y aprobar la oposición a bombero. Eso lo he podido apreciar este año en las balsas que alimentaban los molinos de agua de Tirimundi . No son pozos de los deseos, carajo. Pero algunos no lo perciben, les sobra la pasta y como “por probar” no va a pasar nada, echan el metal en lugar de echar billetes.

A  la luz de estos pensamientos, me sigo preguntando:

1. ¿Cuál es el valor de nuestros deseos? ¿10 cts? ¿No hay ningún deseo que valoremos en 2 euros o más? 

2. ¿Por qué los mendigos no prueban a pedir con un plato lleno de agua o un tupperware de cristal, en lugar de usar una caja de cartón opaco o el estuche del instrumento musical? Es una sugerencia, dado lo “deseosos” que somos.

En fin, “semos asín”. Algún médico o enfermero va a sacarse un sobresueldo en el hospital universitario estas navidades y no va a ser el Niño Jesús…

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