Canciones para Tikur Amora

Mi Tikur Amora, mi aguilucho, el Marqués de Babillas o Samuel, como preferirá que lo llamen cuando tenga uso de la palabra y defensa con la misma, anticipa lo que le va a llegar gracias a la canción que suene de pronto en la radio de su padre. Beneficios del condicionamiento clásico demostradopor Pavlov.

Por la mañana, para despertarle, Candeal le ayuda a regresar de los brazos de Morfeo. “Levántate, morenita” no es cualquier canción. Es la melodía que Toño logró clavar en mi conciencia durante una excursión a la montaña palentina, en épocas mozas. Años más tarde, en Villalar me enteré de que es la propuesta popular para el himno de Castilla-León. Independientemente del uso que se le quiera dar a la canción, su melodía y letra son preciosas. Y anuncian el despertar…

(siento el monotema de la bandera, es la música lo que me interesa y la versión más completa que he encontrado)

Por la noche, antes de la cena, mi Tikur Amora acude a su cita casi diaria con el baño. Y digo acude porque, después de asociarle la siguiente canción al momento acuático del día, es él quien empuja su sillita hasta el baño casi con alegría (lo de “empujar su sillita” es verídico):

Efectivamente, la canción fue elegida a propósito del momento por el que iba a pasar, pero esto sólo lo sabrá cuando vea la película.

Finalmente, para anunciarle que el tiempo de lectura post-cena ha finalizado y que es la hora de abrazar las sábanas, nos decantamos por un clásico infantil:  “Canción de cuna” de Brahms. Poco original pero altamente efectivo, como comprobamos:

Por si fuera poco, su tío abuelo Eutiquio le regaló una cajita musical que reproducía esta misma melodía, versión metálica, con lo que las gargantaas de sus padres pudieron relajarse.

Así como Samuel dispone ya de canciones asociadas a determinados momentos del día, su padre tiene también canciones asociadas a determinados momentos de su vida. Pero eso es tema de otras entradas.

Psicología General I

Esto es un llamamiento a todos los nuevos alumnos de la carrera de Psicología (Plan 2000) cursada por la UNED:

Si vais a matricularos de todas las asignaturas (es que tenéis tiempo libre), empezad estudiando  Psicología General I.

Si váis a matricularos en algunas asignaturas, elegid de entrada Psicología General I.

¿La razón?

Es mi tercer año de carrera. Siguiendo un sencillo plan de estudios y conciliación de la vida estudiantil, laboral y familiar, me matriculo de dos asignaturas cada año. He aprobado cuatro asignaturas en dos años y una me la han convalidado. Este año, me matriculo de la que me queda: Psicología General. En la parte final del primer capítulo, el de introducción a la psicología, se incluye una guía explicativa de los cursos y asignaturas de esta carrera en la Uned (lo que no encuentras en la web de la facultad te lo encuentras aquí…): en Primero hay estas asignaturas, que son de este tipo, y cada una de ellas estudia tal contenido; además, el capítulo sirve para dar una perspectiva general de los enfoques psicológicos y el método de la psicología científica, y la guía del final los relaciona (más o menos) con las restantes asignaturas del curso (Diseños, Fundamentos Biológicos, Análisis de Datos, Historia, Evolutiva). Así que, en lugar de empezar estudiando las asignaturas por su grado de dificultad o mejor sonido del título, obteniendo la impresión de que son contenidos independientes y con poca relación, la asignatura de Psicología General I da sentido a todas las demás. De haberlo sabido, en lugar de haber luchado con Fundamentos el primer año y General el tercero, hubiera cambiado el orden y habría estudiado ambas con más sentido común.

De todas formas, ahora que va a entrar el plan europeo de Bolonia, todo va a dar un vuelco, y no sé qué carajo pasará con esta asignatura. Mientras tanto, aprovechad el consejo.

Ah, si me permitís otro: los que ya tengáis un título universitario, aunque sea en Fútbol-Chapas, convalidadlo cuanto antes. De esta forma, podréis evitaros el esfuerzo de estudiar (y de pagar) por asignaturas de primer curso que os convaliden.

Son “diemil” ;-)

Quiero ser psicólogo

¿Cómo cambia un psicólogo una bombilla?

Si ella no quiere…

Leviatán y el 9-M

Repasando los apuntes antes de entrar a realizar el examen de Historia de la Psicología, tuve el fogonazo interior que originó estas líneas. Releía a Hobbes, filósofo inglés de finales del siglo XVI, autor del contrato social. Por lo visto, vivió una época histórica revuelta y violenta, con guerras internas en la isla de Su Graciosa Majestad de las que extrajo conclusiones sobre la naturaleza humana (cómo las encontraría que las plasmó en un libro titulado Leviatán) y su necesidad de gobierno. Aquí reproduzco lo extraído de la Wiki:

Escribió Leviatán, un manual sobre la naturaleza humana y como se organiza la sociedad. Partiendo de la definición de hombre y de sus características explica la aparición del Derecho y de los distintos tipos de gobierno que son necesarios para la convivencia en la sociedad. Considera al Estado como un acuerdo natural entre los poderosos o gobernantes y los súbditos que beneficia a ambos.

Su visión del estado de naturaleza anterior a la organización social es la “guerra de todos contra todos“, la vida en ese estado es solitaria, pobre, brutal y breve. Habla del derecho de naturaleza, como la libertad de utilizar el poder que cada uno tiene para garantizar la auto conservación. Cuando el hombre se da cuenta de que no puede seguir viviendo en un estado de guerra civil continua surge la ley de naturaleza, que limita al hombre a no realizar ningún acto que atente contra su vida o la de los otros. De esto se deriva la segunda ley de naturaleza, en la cual cada hombre renuncia o transfiere su derecho a un poder absoluto que le garantice el estado de paz.

Mis apuntes lo resumían más o menos así: “Todos los hombres nacen con parecidas capacidades mentales y físicas, y tienden hacia sus propios intereses cuando no tienen control (guerra civil), incluso atacando a sus semejantes. Pueden defender sus intereses e igualdades mediante el control impuesto por un gobierno, lo que les hace perder libertades (“tener tanta libertad como esté dispuesto a dar”). El mejor gobierno es el despotismo absoluto en el que existe un contrato entre individuos y una autoridad (rey o parlamento) que garantice su seguridad. Pero, si no le protege, tendrían derecho a derrocarlo.”

Es decir, el déspota (persona o institución) firma un contrato con el ciudadano para garantizarle seguridad a cambio de parte de su libertad.

Curiosamente, ayer tarde escuchaba por las ondas una parte de una de los múltiples debates-discusiones en torno al quehacer de uno de los partidos políticos que aspiran a despotizarnos durante cuatro años, y su representante en la animada tertulia presentaba el programa electoral de su partido como “un contrato con el votante”.

La relación de ese comentario radiofónico con la lectura de Hobbes se mostró en mi cabeza durante un breve instante, como una imagen de un cuadro costumbrista: la eterna “guerra” político-civil entre dos Españas aparentemente opuestas, soliviantadas durante estos últimos semanas de campaña electoral, luchando por sus propios intereses desde televisiones y actos públicos, con ejércitos de leviatanes gritando como trompetas ruidosas y desafinadas: “Éste es nuestro contrato contigo. Si lo firmas, te garantizamos tu seguridad“, pero callando la coletilla “… a costa de parte de tu libertad“; mientras, al fondo, un Hobbes cruzado de brazos me mira sonriente, y esa sonrisa me recuerda que su influencia sobre la historia, la psicología, las elecciones del 9-M y la madre que nos parió a todos es más actual de lo que yo sospechaba. Así que seguí mi repaso con el siguiente filósofo mientras trataba de apartar de mi mente interferencias hobbesianas innecesarias para el estudio, como lo de ese documento que quieren hacer firmar a los inmigrantes para que aprendan a cortar el jamón ibérico.

Los renglones torcidos de Torcuato

Alice Gould es una brillante y arriesgada detective, capaz de ingresar en un manicomio engañando a médicos y falsificando papeles con tal de realizar una investigación para descubrir a un asesino. Fascinante mujer, segura de sí misma, racional y observadora a más no poder, de nivel intelectual superior, elegante en el vestir y en las formas sociales, además de esposa de un ludópata al que ama y a la vez miente para tenerlo ajeno a su aventura. Sin embargo, ¿tiene motivos Alice Gould para permanecer encerrada en el manicomio después de finalizar su misión?

Torcuato Luca de Tena, periodista monárquico, escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, desarrolla en “Los renglones torcidos de Dios” una trama que me ha secuestrado la atención y el interés durante las dos semanas que llevo sin encender la tele. Dosificando los capítulos, he arañado tiempo dedicado a preparar los exámenes de Psicología evolutiva e Historia de la Psicología para poder seguir los desmanes psico-carcelarios de la tal Alice, de cómo se enternece con los pobres críos dementes, cómo enamora a médicos y enfermos, cómo socializa con todos y llega a decidir los destinos del manicomio desde una posición sin poder real, la del atendido… Dios me perdone el haber torcido ligeramente el renglón de los estudios (al fin y al cabo, sólo había escrito la mitad).

Lo más apasionante de esta novela no es la enorme riqueza lingüística del autor, que parece haber tirado del diccionario de sinónimos para escribirla (orate, soflama, concomitancia, zalema, subrepticiamente… y unas cuántas más que no están en mi registro particular); ni la descripción de tan variadas personalidades tan bien perfiladas (“el hombre árbol”, “el albaricoque”, “el hortelano”, “la duquesa de pitiminí”, “el gnomo”, “la mujer percha”, etc); ni el sentido del humor que a veces salpica las páginas (“…alegando que estaba acostumbrada a ser violada por los hombres que ella escogiera, no por los que la escogieran a ella…”; el guiño al Quijote con el capítulo de la salida al campo y el cruce con el rebaño de ovejas); ni siquiera las explicaciones de los tipos de enfermedades psicológicas que Alice Gould se encuentra y trata de entender (fobia, neurosis, psicosis, oligofrenia, etc).

Lo apasionante de verdad está en el prólogo del famoso psiquiatra Vallejo-Nágera, quien introduce la novela explicando cómo Torcuato, tal vez con su ayuda, había seguido los mismos pasos de su protagonista y había logrado internarse en un manicomio durante un par de semanas para poder ambientar la novela con todo el realismo posible ¡Eso es documentarse! Leer el prólogo dos veces, una al principio de la lectura del libro y otra al final de la misma, ayuda a comprender todo su significado.

En fin, un libro altamente recomendable.

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