Las bases de datos relacionales, al menos las basadas en teconología Oracle, aparte de almacenar información en unos “cajones” virtuales llamados ‘tablas’, pueden ejecutar programas automáticamente en el momento que esa información es almacenada en las ‘tablas’.
Estos programas son muy útiles para realizar operaciones con la información que se almacena. Por ejemplo, validarla: si quiero guardar los resultados de mis exámenes y la nota que guardo es de 11 (puntos), puedo crear una validación para controlar que dicha nota no se almacene a menos que se encuentre entre unos valores determinados, por ejemplo, de 0 a 10. Aparte de para validaciones, estos programas automáticos también pueden ser utilizados para otras operaciones como la creación de una copia de seguridad, la actualización automática de información contenida en otra ‘tabla’, etc.
Pues bien, entre los compañeros de trabajo no nos ponemos de acuerdo a la hora de usar el lenguaje para pronunciar el nombre de estos programas. Sabiendo que cada una de estas tiras de código se denomina “TRIGGER” (en inglés) y se pronuncia ‘traiya’ o ‘traiyer’, unos lo pronunciamos en castellano como ‘triguer’, mientras que las más osadas lo intentan con la lengua de Beckham (je, más quisieran…), atreviéndose a decir ‘triyer’. Los primeros castellanizamos la palabra pero lo hacemos mal, ya que debería ser ‘triger’, con su ‘g’ de ‘giba’, y las otras lo hacen igual de mal, pero en inglés, porque no pronuncian correctamente la ‘i’ como ‘ai’ (aparte de la terminación ‘er’, que cuya pronunciación nunca me quedó clara).
En ambos casos, demostramos una completa pereza para usar nuestro idioma nativo como Dios y el señor Alarcos mandan. Dado que el castellano es uno de los idiomas más ricos en cuanto a expresiones que existen, y dado que la Real Academia de la Lengua Española ha traducido o asociado al término ingles de ‘trigger’ el castellano de ‘disparador’, que es más largo y aparentemente violento pero más propio, tal vez mis compañeros y yo deberíamos hacer más por defender el idioma de Cervantes que por darle patadas a su expresión fónica. Pero, claro, en el mundo de las nuevas tecnologías, quien inventa crea la tendencia y exporta los términos, y ahí vaguemos hasta para denominar los conceptos que nos llegan de fuera. Y, si no, que se lo pregunten al parking (aparcamiento), al stop (parar o parada), al blog (bitácora), al post (artículo), al email (correo electrónico), al gloss (?), al staff, al making-off, al piercing…