Balneario Solares
20/Marzo/2008 en 4:12 pm (Mundo maravilloso, Observando)
El domingo pasado tratábamos en la reunión de la comunidad cristiana el tema del dinero, de cómo lo gestionamos los cristianos (concretamente nosotros, no los de la sotana y similares, que luego venÃs diciendo que si la Iglesia de pobre no tiene nada, pero ése no era el asunto). Tema práctico e interesante, sobre todo para los que considerábamos el dinero como uno de los grandes problemas de la sociedad.
El caso es que, por muy interesante, práctico y evangélico que resultara el tema, este morciguillo tenÃa programado en dicho dÃa gastar los cuartos en un capricho llamado”balneario Solares”, allá en Cantabria, donde acudÃa con motivo de celebración y recolocación de las vértebras.
Aquà dejo mi valoración que, como acostumbro, se reparte entre los dos platillos de la balanza (lo que me gustó y lo que no):
- Solares, aparte de un pueblo cántabro, una empresa embotelladora de agua del mismo nombre, es un hotel y un balneario. El hotel es un edificio blanco de precios elevados. Llegamos a ahorrar un 50% en alojamiento alquilando una habitación en Casa Enrique, a 100 metros del balneario.
- En Casa Enrique no tienen menú, sólo carta, pero admiten tickets de comida y ésta merece la pena. Enrique y empleados son muy amables y su trato es familiar.
- El tratamiento “Espalda Sana”, que hicimos el sábado en el balneario, incluye varios momentos: un parafango, en el que la espalda se relaja con el calor del barro y uno puede llegar a dormirse en la camilla bajo la música de Enya; un masaje deportivo que te deja nuevo, eso sÃ, no hay “manipulación” como dicen: si necesitas “chascar” algún hueso para liberar el tendón hay que pagar fisioterapeuta (mis contracturas suelen depender de los huesos, snif…); baño con cristales (sales) muy divertido gracias a los chorros en el asiento de la piscina… pero se termina haciendo aburrido al estar solo; chorro a presión o, dicho de otra manera, “el jardinero regando el árbol”, donde uno es el árbol, un árbol entretenido con el agua caliente pero petrificado con la frÃa; ducha de perfusión, para echarse la siesta mientras el aspersor colgante deja caer su cortina de agua caliente… con los malditos contrastes de agua frÃa; al final, sala de relax, donde tomarse un agua de marca de la casa mientras se seca el cuerpo echando la última siesta en las tumbonas. Mi valoración personal es positiva, pues es variado, relajante y entretenido, aunque se haga aburrido a ratos y no te libres de una pasada rápida por el agua frÃa.
- La Chocolaterapia, sinceramente, no merece la pena. A pesar de ser “un galgo” (goloso), que decÃa mi madre, y de querer darme el capricho de un masaje con chocolate, creo que quien más lo disfrutó fue mi nariz y la masajista al verme con un tanga de volantes… El caso es que te exfolian la piel, ya con cacao, para luego echarte chocolatito caliente directamente de la cafetera y masajear. Vale, mucho olor agradable y un masaje como cualquier otro. Más tarde te envuelven en plástico todo el cuerpo, como si uno fuera un bombón, que lo es, y te dejan “reposar” un rato enmomiado en el envoltorio. Al final, te das un baño en lo que hubiera sido una bañera de chocolate caliente si los sueños se cumplieran, pero que no es más que agua caliente con colacao o similar, “agua manchada”. Coste alto para lo que es y litros de agua desperdiciada. Pregunté a dos empleadas si el agua lo reciclaban en el balneario y no me supieron responder con seguridad, aunque una de ellas lo dudaba mucho.
- Masaje “Exótico Ceilán” es uno de los masajes nuevos que han incluido este año en el programa del balneario. Es realmente exótico: de entrada, te sensibilizan la piel acariciándola con plumas de avestruz; luego te masajean con aliño, como si fueras una ensalada, aceite caliente de almendras, canela, cardamomo… y, para terminar, otro masaje con “pindas”, saquitos de arroz y semillas, que no resbalan tanto como las manos por la espalda aceitosa. De éste sólo tengo referencias, pero me dicen que es muy gratificante.
En fin, un capricho al año no hace daño y, si te deja la espalda flexible y desentumecida, pues bien vale pagar por ello. Pero no deja de ser un capricho.


