para el concurso “Relatos en Cadena” que no han pasado el corte.
1. Vete y vive
Todo el mundo sabía que era una mujer bala. Era un secreto a voces. Aunque se esforzaba en disimularlo, hacía meses que se habían dado cuenta. En el supermercado, cuando guardaba la compra en bolsas, dejaba en el aire un azufrado olor a pólvora que molestaba a los clientes en la caja; su piel brillante era fría y suave al tacto; raras veces se oía su voz metálica; hasta su ex pregonó a los cuatro vientos que vestía blusas “Parabellum”. Harta del vacío que le acompañaba, había resuelto cambiar de ciudad. Allí se sentía observada, incómoda, a punto de explotar.
2. Los opuestos
Todo el mundo sabía que era una mujer-bala, pero eso no importó a Bernardo: se casaría con ella. Pese a su manía de beber de los cubatas ajenos en la discoteca, acudir a fiestas de personas desconocidas, mostrar el tatuaje de su pecho izquierdo en los semáforos o presentarse voluntaria para la representación anual del Belén Viviente. Él se encontraba en las antípodas de esa acelerada personalidad: era considerado un hombre gris. Y, sin embargo, la conquistó. Al fin y al cabo, balas y grises nunca se llevaron mal.
3. La gripe y la justicia
- “Todo el mundo sabía que era una mujer bala. A sus hijos no descuidaba …”, comenzó a leer la taquígrafa.
- Gracias. – interrumpió el fiscal –Han sido sus declaraciones. ¿Es así, señor Fernández?
El acusado agitó furiosamente la cabeza, manchando como un aspersor en retroceso con su gotera nasal, se aflojó la bufanda y, levantándose, señaló a la taquígrafa con el pañuelo usado:
- ¡Mala! ¡Uda bujer mala! ¿Está soda, sedora? Y do “descuidaba” ¡”Do-les-cuidaba”! A bí be faltadá la dicción, pedo al benos tengo odeja ¡Aa…aa… tchis!
Asqueado al ver su toga salpicada, el juez decidió dictar sentencia, pero se detuvo al palpar el martillo mojado.