Las canciones de mi vida (3)

Que yo recuerde, si mi memoria a largo plazo no me engaña, la primera canción de la que tengo constancia de haber escuchado la letra es ésta:

Tendría yo una edad en la que los cumpleaños se seguían celebrando en casa, con bocadillos de croissant, fantas y cocacolas, kilos de gusanitos, patatas fritas y cacahuetes, regalo obligatorio y tarta con velas al final del picoteo.

Me encontraba en casa de Farah Diva y celebrábamos su cumpleaños. Tal vez le estuviera devolviendo la visita, pues el día anterior había sido mi propio cumpleaños y ella estaría invitada (digo “estaría” porque no alcanzo a recordar si lo llegué a celebrar). En cualquier caso, sé que me pilló el toro con el regalo: ni siquiera había pensado en ello, y ya era tarde para pensar en algo y salir a comprarlo. Así que, en un alarde de autocontrol y creatividad, decidí que lo único que podía ofrecer en ese momento era un dibujo mío. Cuidado, un dibujo mío no era moco de pavo. Yo dibujaba bien, al menos, mejor que la media de mis compañeros de clase. Mis dibujos de guerras medievales, con sus soldadesca perfectamente equipada, castillos militares parecidos al de Coca, acción escrupulosamente repartida por toda la hoja del cuaderno, expresiones desesperadas, muertos a flechazos y algún que otro avión lanzando bombas incendiarias… perdón, esos pertenecían a la serie de dibujos inspirados en la Segunda Guerra Mundial…, en fin, mis dibujos bélicos era valorados por la sección masculina de la clase; para la femenina reservaba yo mi clásico pasisaje “Río con cascada que se precipita hacia un valle frondoso encajado entre altas montañas sobre las que luce el sol de primavera, con pueblo castellano al fondo”. En cualquier caso, me sentía seguro con mis trazos y pensé que otro paisaje, esta vez “Cervatillo entre la arboleda que da al chalet con piscina” sería más que suficiente para complacer a la homenajeada. Eso sí, en blanco y negro, pues no disponía de instrumental más cromático.

Lo último que recuerdo, asociado a la canción de Juan Pardo, es cómo dejé mi regalo para el final, esperando que Farah Diva estuviera suficientemente satisfecha con todas las cosas que le regalaron sus amigas y vecinos (un cd, pendientes, cajas para los pendientes, pañuelos…). Se lo di, lleno de vergüenza por la poca utilidad que iba obtener de mi presente (¡y sin color!), con una disculpa por no haberme acordado de comprarla algo mejor.

Por aquel entonces, tal vez tuviéramos diez u once primaveras, a mí la música me parecía “cosa de chicas” y prestaba atención a otras cosas más importantes  en cuanto oía una sola nota (eso no quitaba que me gustaran algunas canciones,  pero hacía la de Aznar con el catalán). Yo era un tío de acción. Sin embargo, “Bravo por la música” fue la primera canción que realmente escuché. Y aquí estoy: repasando mi vida a través de la música.

Si es que no hay como plantar semillas…

2 comentarios

  1. Mingafria dijo:

    17/Noviembre/2009 a 10:03 pm

    Joder, Juan Pardo, todo un clásico. La verdad es que no recuerdo cual fue la primera canción de la que tengo constancia… supongo que sería algún martirio tipo “los payasos de la Tele”, “Enrique & Ana” o los entrañables “Lavabos Iturriaga”…

    Por cierto, ¿que le pareció a tu amiga el regalo?, no lo has contado. Sea como sea, doy fe que un original del Zorro volador es una pasada… yo lo cambiaba por mi Monet.

    • EZV dijo:

      18/Noviembre/2009 a 1:41 pm

      ¿”Lavabos Iturriaga”? ¿Qué parte de tu vida me he perdido? Porque la de exhibicionista compulsivo en los wáteres de la Estación de Mendez-Álvaro lo sabía, la de “vamos al Retiro ahora que están cerrando” también, pero lo de Iturriaga no me suena… Ya nos contarás.

      Farah Diva dijo “muy bonito” en los dos segundos que lo miró. Luego lo dejó sobre la encimera con un complaciente “aquí se verá mejor”. Desde luego, pasó del dibujo como hubiera hecho yo. La próxima vez lo entregaré pintado.


Escribe un comentario