Segovia, ciudad para mis escasos conocimientos “de segunda división” en la geografía nacional, se convirtió, en el transcurso de una semana de verano, en el sitio donde yo quería jubilarme; escribir libros sobre héroes medievales y montañas embrujadas; y senderear plácidamente por los silenciosos pinares, buscando inútilmente setas de temporada, alimentando a los gamos del palacio de Riofrío y disfrutando del sol de primavera mientras me llegaba la hora. Qué romántica puede ser la imaginación de un adolescente.
En cualquier caso, durante la semana de vacaciones que pasé junto con mi primo Ramón, autodenominado Mingafría (sí, el visitante que más letras ha escrito en este bitácora, después de su autor), la visión de esa ciudad “de segunda” pasó a ser algo así como “el Olimpo de la Bohemia”. Calles retorcidas y cubiertas de piedra milenaria; el acueducto cruzando la ciudad, reflejo de la apuesta ganada al diablo por una pobra aldeana, que ofreció su alma a cambio de poder llevar el agua hasta la casa de su amo; el magnífico Alcázar dominando el precipicio sobre el río ¿Eresma? (¡cuántos lances y duelos a espada entre caballeros habrán visto los álamos de su ribera!); la Catedral escondiendo la piedra de la suerte, la más pequeña de las que componen su piso… ahora no recuerdo si era “de la suerte” o “de la boda”: quien la pisara se casaría en la catedral…; la Mujer Muerta, perfil montañoso de Guadarrama cuya leyenda me relató Fernando y también he olvidado, aunque apuntaba a cuento de terror becqueriano; los alrededores de la ciudad, con el palacio de Riofrío y los gamos que comían sandía casi de tu mano (aunque estuvieran a 300 metros); los Asientos y la Boca del Asno, subiendo a Navacerrada, escenarios de una película de Conan; los jardines del palacio de La Granja y su encantador laberinto…
Envuelto por este mágico escenario, un año leíamos cómics del Capitán Trueno, o jugábamos con el barco de los Clics de Playmobil Ramón y yo, mientras cantábamos esta ya olvidada canción:
Gamberros como éramos, el estribillo que cantábamos decía: “Orzowei, cara de buey, cara de buey…”. Creo que gracias a a esta serie mis gustos musicales se ampliaron a la música coral.
Por aquella época, mi prima Patri no paraba de cantar esta canción que, si bien no es de las que suela tararear, también ha quedado asociada a la memoria de la ciudad del acueducto:
Otro año, recuerdo, Ramón me invitó a la fiesta de su instituto. Allí conocí a Rosa, su entonces novia y ahora esposa, y ella me invitó a un gofre. En la discoteca bailamos caribeñas pasando por debajo de un listón, pecho arriba. Pero no fue la música latina sino la tecno la que me marcó en esa etapa de mi vida, gracias a que el primísimo fundía las pletinas de la cadena con OMD:
Siempre me imaginé a ese jinete medieval llegando al Alcázar cual Príncipe Azul entrando en el castilllo de Disneylandia para rescatar a la princesa de las garras de la Bestia. Y el rey Arturo por ahí, Excálibur por allá…
De regreso a las tierras llanas, el gusanillo de la ensoñación producida por la tecno me derivó a Depeche Mode. Asociados a una revista de compra de música por correo, tipo “Círculo de Lectores” pero con discos, mi hermano y yo pedimos a mi madre un vinilo llamado “Violator”. Ella puso cara de incredulidad rayando el susto, pero nos lo compró. Así, escuchando DM, perdí yo muchas tardes sin hacer los deberes:
Para finalizar, en cierta sintonía con la música anterior (aunque ésta más elevada a mi melódico entender) la canción que más me hizo soñar hasta mi encuentro con Franco Battiato: “It’s a wonderful life”, de Black. Por favor, apaguen luces, cierren los ojos y déjense llevar…
Mingafria dijo:
9/Noviembre/2009 a 5:49 pm
Joder tío, ¡qué memoria!… y qué recuerdos!!.
De algunas cosas yo ni me acordaba, pero de otras como si fuera ayer. La Boca del Asno, Riofrío, la melodia “orzowei cara de buey”, ja, ja, la cinta de OMD… Impresionante documento, casi me echo a llorar.
Eso sí, como sigas en esta linea Zorro, el resto de “posteadores” no van a volver para leer las historias de los “abuelo cebolleta”…
EZV dijo:
10/Noviembre/2009 a 12:01 pm
Son recuerdos vivos que han pasado a configurar mi personalidad, qué le vamos a hacer. Por no hablar de las tardes leyendo todos los cómics que tenías del Capitán Trueno (memorable dibujito), o cuando conocía a las amigas de Rosa (“a ver si dejas el pabellón de primos un poco mejor de lo que lo dejó el último; no te será difícil porque lo hundió”, me viniste de decir); las calderas; etc, etc, etc…
El motivo de estos post sobre “Las canciones de mi vida” es doble: por un lado, yo dejo por escrito los recuerdos que el tiempo borrará de mi cabeza (al menos, si los necesito cuando ya no los recuerde, poder recuperarlos de algún sitio); por otro, hacer un listado de las canciones que más me han marcado. Creo que aquí pueden entrar el resto de comentaristas, dejando su opinión sobre las mismas o compartiendo sus propias vivencias “musicales”.
Otro día hablaré de mi libro.
Porque yo he venido aquí para eso…
Mingafria dijo:
11/Noviembre/2009 a 10:02 pm
Lo dicho, impresionante post… por cierto, ¿no sería el “Corsario de Hierro” a quién realmente te referias?… gran comic que marcó mi pre-adolescencia… así me fue, claro.
Gran canción “maid of Orleans” y uno de los grandes de Depeche, “Enjoy the Silence”… por cierto, ¿los viste en Pucela?, grandes en directo.
A ver si dedicas un post a cada una de las canciones que, por pitos o flautas, te han marcado.
Fuerza y honor!
PD: Y hombre, yo me avergonzaria diciendo que “Ricdhi & Poveri” han marcado mi vida… está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero hay comparaciones que no se pueden admitir, Zorro.
EZV dijo:
13/Noviembre/2009 a 11:25 am
Sí, estoy con esa idea de ir indicando canciones que se me han quedado en el inconsciente. Decir que me han marcado la vida es mucho decir, pero alguna o algún autor hay.
En cuanto a Richi&Poveri, “si bien no es de las que suela tararear, también ha quedado asociada a la memoria de la ciudad del acueducto” (sic). Es decir, que no me ha marcado la vida, pero sí la recuerdo de entonces y siempre que la oigo (aunque ya no la pinchan en radios), Segovia me viene a la cabeza. Si el “Ma ma María” te ha parecido gracioso, espera a oír la del próximo post…
EZV dijo:
13/Noviembre/2009 a 11:26 am
Ah, y supongo que sí, sería el Corsario de Hierro. Leí ambos en tu casa y tanto me da que me da tanto, Capitán como Corsario.