Las canciones de mi vida (1)

A veces, las menos, uno puede trabajar cabeza abajo (como estamos los murciélagos) escuchando música a través de los cascos. Hoy es uno de esos días en los que puedo dedicar parte de mi atención al inglés que no entiendo y a la melodía que me alegra el ánimo, mientras la atención restante se centra en salvar este país de la crisis.  En su reproducción aleatoria, el Windows Media ha encontrado una canción que escuché por primera vez en París, hace ya… no quiero calcular los años. Fue tan profunda la experiencia, sin necesidad de ningún hecho espectacular o fuera de lo normal, que la siguiente canción quedó asociada para siempre (o hasta que el alzehimer lo arrase de mis neuronas) a este viaje de fin de curso.

Reconsiderándolo, tiempo después, creo que este viaje resultó inolvidable por los siguientes  motivos:

1. Fue el primero que hacía al extranjero, cuando salir allende las fronteras parecía algo al alcance de los más pudientes o formados en idiomas;

2.  Iba a París, “la ciudad del amor”, y yo con 18 primaveras y sin zagala que me mirase con ojos tiernos;

3. En la residencia donde nos alojamos encontré a un vecino del pueblo al abrir el ascensor. No sabía que era la última vez que volveríamos a encontrarnos en esta vida;

4. Ayudé a la chica más atractiva del instituto a buscar su lentilla; posteriormente, la chica más atractiva del instituto, durante un traslado a pie por La Defense, se me acercó para preguntarme cómo funcionaba la Bolsa del Mercado de Valores. Esto me dejó perplejo. Mi primera reacción fue explicarla lo que yo creía saber del asunto. No tuve coraje para pasar de mi primera reacción. Imbécil de mí.

5. La segunda chica más atractiva del instituto (a mis ojos, por supuesto) se alojaba en la habitación contigüa a la mía. De hecho, las literas de ambas habitaciones estaban separadas por una pared. Esos quince centímetros de ladrillo y aislante evitaron que la segunda chica más atractiva del instituto cayera en mis brazos. Bueno… eso y la timidez que me invadía cada vez que se cruzaba conmigo… y tal vez la suya también, por qué no.

6. Tras muchos años de estudio y academias, logré, por fin, poner en práctica mis habilidades idiomáticas con la lengua de Shakespeare. Fue en el museo Pompidou y creo que los belgas que intentaban ligar con Susana no me entendieron del todo. Me dijo: “Mira a ver qué quieren, que no me cosco de nada” . Acabamos hablando ellos y yo en inglés, mientras ella escurría el bulto. Hábil estrategia femenina. A mí me sirvió para darme cuenta de que mis años de estudio y ejercicios sobre el papel no servían de nada si uno no sale de su terruño.

7. Decidí tirar la casa por la ventana y compré una cinta de Atahualpa Yupanqui por 40 francos. Salió cara, pero los peruanos sonaban tan bien en directo… (ahora que lo he buscado en Wikipedia descubro que el tal grupo peruano debía usar ese nombre en la carátula de la cinta, porque en realidad es el nombre artístico de un famoso cantante folclórico argentino)

8. En el viaje de vuelta en autobús, aparte de tararear mentalmente la canción de Scorpions, recogía en mi retina la belleza verde de Francia. Llegando a la frontera de Irún, a las seis o siete de la mañana, la carretera mojada por la lluvia fina y los compañeros y profesores dormidos con la cabeza de lado, el conductor perdió la conciencia durante dos segundos y el autobús estuvo a punto de salirse de la calzada en dirección a un enorme poste de hormigón; gracias a Dios, su golpe de sueño le hizo reaccionar y dar un volantazo que nos salvó de ser noticia en el telediario. Una profesora y yo fuimos testigos mudos de nuestra buena suerte.

Hay más cosas que ahora no recuerdo del todo, como cuando quise llevar a algunas amigas a la discoteca,  seguro de acordarme del trayecto en metro realizado por la tarde, y acabamos en una hamburguesería, ellas con un cabreo del siete; o como cuando echaron la bronca a las pijas, por eso de correr por los pasillos a las tantas de la mañana y meterse en habitaciones de sorprendidos huéspedes alemanes… ¿Subimos a la Torre Eiffel? Y quién lo recordaría después de haber tenido a las dos chicas más atractivas del instituto más tan cerca que… Subiríamos, digo yo.

4 comentarios

  1. Mingafria dijo:

    29/Octubre/2009 a 10:00 pm

    Sí. resulta curioso como asociamos una canción a algo que nos ocurrió cuando la escuchábamos, y no tiene porqué ser algo excepcional… aunque de alguna forma lo es para nosotros porque sino no lo recordariamos…. vamos, digo yo.

    A bote pronto recuerdo:

    - Escuchar una cinta del primer disco de Depeche Mode (Speak&Spell) a altas horas de la madrugada haciendo tiempo para ver un partido de la selección española de básket (jugábamos unas olimpiadas en no sé qué país). 13-14 años tendría yo. Ni que decir tiene que por aquel entonces no les conocia ni Rita…

    - Resonar en mi cabeza “Obsessions” de Suede, en un viaje a Inglaterra, típica british, triste y a la vez con un punto de humor, siempre que la escucho me viene a la cabeza la “pérfida albión”. Por si alguno le interesa la podéis escuchar aquí: http://www.youtube.com/watch?v=J_qFOqJStWA

    - Como no, “Bizarre Love triangle”, de New Order… cuantas veces sonaba en mi habitación mientras estaba tirado en la cama. Cuando entendí la letra me pareció incluso mejor…

    - Y ahora que “está de moda” por tristes razones, recuerdo desgastar una cinta de Nacha-Pop intentando descifrar las canciones de Antonio Vega y ese universo metafísico suyo que nunca he llegado a entender pero que no me cansaba de escuchar…

    Tengo más, pero no se trata de aburrir a la peña. Buen post, Zorro, en uno de mis puntos débiles, la música.

    En breve escribo más.

    PD: Ahora que nadie nos oye… aquella pared dejo de serlo y al final hubo tema con la “buenorra” esa, no?

  2. EZV dijo:

    30/Octubre/2009 a 12:25 am

    Pues debe ser muy débil este punto tuyo con la música, porque mira que tenías material para “entrar a degüello” con tus brillantes ironías y las chicas de mi instituto, y sin embargo has preferido rememorar algunos de tus momentos musicales vitales… ¡Si hasta veo la lagrimita aomar por tu párpado inferior! Sorprendido (gratamente) me hallo.

    En cuanto a la pared, lejos de dejar de serlo la condenada tapia creció más, hasta que la segunda chica más atractiva del instituto y yo tomamos caminos de direcciones… perpendiculares. Eso sí, con la chica más atractiva del instituto, la de la lentilla, llegué a salir durante un verano. Y qué verano… :)

  3. Mingafria dijo:

    31/Octubre/2009 a 12:46 pm

    Debe ser que me hago mayor, je, je… eso, o me pillaste con la guardia baja.

    Por cierto, creo recordar qué tu también tenías el “Violator” de DM, “peazo” disco!. A ver si dedicas otro post a los mejores discos que pasaron por tus manos.

    Eso sí, en la PD no he perdonado y he entrado a trapo ante tu descarada provocación, ya sabes, “quien tuvo retuvo”.

  4. EZV dijo:

    3/Noviembre/2009 a 9:43 am

    Pues sí, estoy pensando en otro post al uso y creo que te va a gustar…

    Yo creo que no te haces mayor, sólo más responsable con la niña en brazos, je je je…


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