50 euros por esto

En un día como hoy, en el que la primavera empieza a despertar calores pero mantiene el aire aún fresco, he tenido tiempo de pasearme por la Wikipedia. Saltando de un enlace a otro, he leído con cierto interés sobre temas variados que mis neuronas no recordarán, porque no son necesarios para mi supervivencia o felicidad (según se mire desde el Tercer o Primer Mundo).

He empezado por las construcciones en superadobe, obra de Nader Khalili, un arquitecto iraní. Casas distintas, baratas, resistentes a terremotos e inundaciones, y fáciles de construir por uno mismo con el material de la zona donde uno vive. ¿Se puede pedir más? Bueno, algo de calefacción, agua… Pero de gran utilidad para los más desfavorecidos:

Recuerdo el Club Bilderberg. Un grupo de personas influyentes de EEUUropa organizan una reunión anual para tratar un tema que les interesa sobremanera. A dicha reunión invitan a dos personas de distintos países, lo más influyentes posible, estilo político, banquero o periodista, con lo que al final son unas 100 ó 150 las personalidades que se juntan. De lo que tratan, sólo ellos lo saben. De hecho, no hay un sólo profesional del periodismo que cubra la noticia, ni siquiera un triste paparazzi que se acerque a tomar un robado. El contenido es secreto y no trasciende a la sociedad. O casi. Cristina Martín, una valiente periodista ha tratado de recoger información sobre este club, logrando publicar un libro que no he leído pero que dará, imagino, para pensar sobre la forma de controlarnos. Digo ‘valiente’ porque algunos han debido morir por intentar lo mismo. Y es que este club, según cuenta, está orientado a dirigir el planeta de manera silenciosa a través de la influencia de sus miembros en sus respectivos países, casi todos occidentales. Para lograr semejante obra, todo vale, incluso el asesinato, pero especialmente las guerras. Cuesta creerlo. Y más si entre ellos hay españoles, no tengo claro si como miembros permanentes o como invitados para temas concretos. Felipe González, Javier Solana, Rodrigo Rato, Esperanza Aguirre, Juan Carlos, Sofía y su hija Cristina, Juan Luis Cebrián… Lazos con la masonería, secretismo, influencia política y mediática… ¿Por qué las pocas noticias que trascienden de las reuniones de un club con semejantes miembros me resultan tan inquietantes? Si es verdad lo que dice esta periodista, va a ser necesario que abran las ventanas y corra el aire, o que se desintegren (ja ja) o que despierte la masa crítica y no se deje controlar. Pero, claro, para eso está la masa crítica agarrada por las pelotas con las hipotecas, el trabajo incierto y mal pagado, el deseo de vacaciones y lo que cuente el coño de la Bernarda en los programas rosas.

Para rebajar mi creciente tristeza, decidí empezar una investigación mediante la Wikipedia. Hay un pueblo en Ecuador con el mismo nombre que aquel del que procedo: Olmedo, en Valladolid (España). Me imaginé que esto se debería a que algún prohombre (mercenario, vaya usted a saber), antepasado familiar o no, acompañó las expediciones de conquista del Nuevo Mundo, acabó con la vida de varios indios y fundó una colonia con el nombre del pueblo donde nacimos. Lejos estaba mi imaginación de la realidad. Las investigaciones me condujeron a José Joaquín de Olmedo (1780), prócer de la independencia de Guayaquil (Ecuador) y que dio nombre a la localidad. Tirando del hilo, el prócer fue hijo del capitán Miguel de Olmedo y Troyano (1733), quien procedía, ¡oh, dioses!, de la Villa de Mijas, Málaga, no de la de Castilla y León, cuna de mis entretelas. Todavía tenía información a través de su padre, Agustín de Olmedo, pero ya se perdían los apellidos y mi interés por los enlaces de Google y la Wiki, así que concluí de la siguiente manera: “Agustín de Olmedo fue un mercenario olmedano que, en busca de fortuna, bajó a Mijas, Málaga, acompañando los rebaños a la vuelta de su trashumancia por la Ruta de la Plata y desvío aparte, participó en los negocios portuarios relacionados con  los viajes hacia el Nuevo Mundo, acabó con la vida de varios borrachos y buscapeleas, y terminó fundando una familia, dejando como herencia a su hijo Miguel el apellido de la villa que le vio nacer y una próspera carrera en el ejército. Lo demás, es historia”. Y me he quedado tan ancho.

Finalmente, he paseado por algunos blogs enlazados aquí a la izquierda y he descubierto que hay bloggers que publican con antelación el relato con el que participan en el concurso de microrrelatos de la Cadena Ser.

Qué día más inoperante, Señor.

2 comentarios

  1. Mingafria dijo:

    3/Mayo/2008 en 7:56 pm

    Viendo algunos de los “invitados” al famoso Club Bilderberg sólo puedo decir que he visto bastante más talento en “Barrio Sésamo”…

    Coñas aparte, las teorías conspirativas según las cuales somos marionetas de los grandes banqueros, petroleros etc que gracia me hacen.

    El mundo lo mueve el dinero, que se manifiesta fundamentalmente en el peor rasgo de las personas, el egoismo. A esto hacía ya referencia el gran Adam Smith (padre de la economía) con su teoría de “la mano invisible”… el resto son soplapolleces para vender libors.

    Esperanza Aguirre… ja, ja, y yo soy nobel de física.

  2. El Zorro Volador dijo:

    6/Mayo/2008 en 4:28 pm

    ¡Hombre! Regresa el Higo Prolijo.
    ¿Te hacen gracia por los personajes que acuden a las fiestas del club o por “política de empresa-quenopodemoshablardeestoquenoscrujebotin”? Si los operadores telefónicos se ponen de acuerdo para subir los precios saltándose la ley de libre competencia, ¿qué no harán los que manejan pasta de verdad? Vamos, que esos son una parte, por lo visto. Yo sí me lo creo. No sé si el club éste de marras o el consejo de administración de Cocacola (Holliburton,… ) sobre el despacho oval, pero que “aquí unos pastores, aquí unos rebaños” es algo que me encaja perfectamente en este mundo movido por el dinero y gestionado por los egoísmos.

Escribe un comentario