Bab’Aziz
16/Abril/2008 en 10:31 pm (Observando)
Un anciano ciego, sabio y sufí, cruza el desierto de la mano de Ishtar, su nieta. Se dirigen a una fiesta que hacen los derviches cada treinta años, pero no saben ni dónde es ni cuándo empezará. Tampoco les importa. “Lo importante no es saber dónde, sino caminar hasta encontrarlo”, como dice Bab’Aziz. Mientras suben y bajan dunas, la niña pregunta y el anciano responde, la va enseñando.
Ishtar quiere que Bab’Aziz le cuente una historia. Él le habla de un príncipe que, un día, sale de su hermosa tienda en persecución de una gacela; cuando sus sirvientes le echan de menos y salen a buscarlo, le encuentran ensimismado mirando el fondo de un charco. La película se subtitula “El príncipe que observa su alma”.
Durante el recorrido sobre la arena, se van encontrando con distintos personajes. Cada uno cuenta su historia, revela sus problemas. Un pelirrojo que se tira a un pozo, angustiado, esperando encontrar en él el acceso al palacio lleno de mujeres hermosas que dejó atrás. Un joven poeta o cantante busca a la mujer de la que se enamoró una noche y que le dejó para ir en búsqueda de su padre. Un gemelo persigue a un derviche para vengarse por la muerte de su hermano… La gente siempre tiene algo que aportar a los demás: su propia historia, con sus miedos, sus esperanzas, sus deseos. Y los demás siempre tienen algo que aportar a la gente: la anciana que recoge al pelirrojo tras su caída al pozo y le anima a expresar sus sentimientos, como si fuera su propia madre; el viejo sufí, pidiéndole al poeta que no deje de cantar, pues ése es su auténtico camino; el motorista que recoge al gemelo y le ayuda en su búsqueda del derviche… Al final, caminando por el desierto, cada uno encontrará lo que busca.
La película está llena de silencios, de música árabe estupenda, de diálogos, a veces demasiado “pedagógicos” entre la nieta y su abuelo (repitiendo su nombre a cada pregunta, excesivo para mi gusto), de historias y saltos que parecen inconexos pero que cobran sentido dentro de una perspectiva general, y, ojo que esto es cine con otros ritmos, una lentitud a la hora de desarrollar la trama que molesta bastante a los riñones (he visto cómo alguna persona bajaba los párpados un par de veces). A mí me merece la pena, pero aviso a navegantes, hay que armarse de paciencia.