Si algo me ha sorprendido en esta seguna visita a ParÃs han sido los cementerios. Están abiertos al público, son espacios aislados del ruido urbano, donde reina “el descanso en paz” y armonÃa con los árboles y el grito silencioso de las lápidas, exigiendo el recuerdo de quienes ya no están de pie. Soy amigo de estos parajes, qué duda cabe.
Más aún si el cementerio ofrece un paseo de admiración arquitectónica, un plano con la ubicación de las tumbas de personajes ilustres y las almas yacentes han sido suficientemente creativas con sus mortajas, convirtiendo la tÃpica tabla de piedra en un mausoleo gótico, en una escultura o, incluso, en un simpático adiós pétreo.
Aquà algunos ejemplos de lo que más me ha impresionado encontrar en los camposantos de Montmatre y Pere Lachaise (perdonen los afrancesados mi carencia de acentos, para volar no necesito idiomas):
Panorámica del patio de vecinos |
 x ¿Qué hace la gente frente a la lápida de Jim Morrison? ¿Rezar una oración por su alma? |
Lápida humilde de una oriental |
Lápida fastuosa de un oriental |
|  Lápida de un matrimonio entre judÃo y cristiana |
 Lápida de una familia judÃa, deportada y asesinada por los nazis |
Lápida de un árabe |
 Mausoleo egipcio (no supe si el estado ruinoso del mismo era por abandono o por consonancia con el paÃs de origen) |
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 Mausoleo de Oscar Wilde (se evidencia la espontánea decoración a base de besos con Margaret Astor y frases del estilo “Gracias por todo” o “Eres mi héroe“. Abajo, una placa advierte de que se trata de un monumento histórico y de que no se debe ensuciar) |
Un mausoleo im-prezioante en piedra rosa y formas redondas (el muerto salió a saludar, como bien se aprecia) |
