De nuestra semana por Galicia, antes de que los desalmados encendieran sus mecheros con el fin de arrasar el bosque de la costa atlántica, tengo gratos recuerdos.
Aparcamos la tienda de campaña en el primer camping que encontramos junto a la costa de Lugo, a la altura de Foz. Ni siquiera era el camping previsto pero, con tanta carretera secundaria y tan poca señal orientadora, no quisimos pensarlo demasiado. “Gaivota” se llama el camping y queda sobre el acantilado frente al mar. Su publicidad exhibe reconocimientos a nivel europeo y parecen funcionar, pues la mayor parte de las pocas personas que había durante la semana no eran españoles. Lo atienden una mujer gallega tímida y muy sonriente, y un hombre corpulento y manco de ambos brazos, pero capaz de sujetar un bolígrafo entre el cúbito y el radio.
Salir del camping, cruzar la carretera y bajar por unas escaleras a la cala de arena fina y permanente bandera amarilla (a poco que el viento sople) es todo cuanto hay que hacer para darse un chapuzón en un agua fresca y con resaca poderosa. La bandera roja ya ofrece olas de tres metros y los socorristas sólo permiten el paso a los surferos. Cuando baja la marea, la cala se une a playas más extensas y puedes dar un paseo. Al final del mismo, en sentido Ribadeo, subiendo la escalera se encuentra un club de alterne de dos plantas añil vistoso. Cada cual busca sus vacaciones.
A pesar del sirimiri constante (llovió cuatro de los siete días) el agua no es tan molesta como para quedarse en casa y pudimos hacernos a la idea de la Mariña lucense.
A pocos kilómetros, los montes están cubiertos de eucaliptos delgados y frondosos, iguales a los que se están quemando por estas fechas en las Rías Bajas y Altas. Entre el mar y los montes se extiende la Mariña. Es una mezcla de carreteras de segundo orden, parcelas verdes, chalets de vivos colores y pueblos salteados. La carretera nacional corta San Cosme de Barreiros, San Miguel de Reinante, Santiago de Reinante, Chavela… y alcanza Ribadeo para seguir por Asturias. La carretera de la costa es una culebra que serpentea según le dicte el relieve costeño. Un infierno cuando llega el fin de semana y la gente acude a las playas en coche. Entre ambas, la vía del tren forma retícula con las carreteras locales en las que es mejor no cruzarse con nadie dada su estrechez. Forman un paisaje extraño. Todo es verde y parcelado en tamaños desiguales, con casas o chalets de distintos estilos y edades, ahí un bosque, allí un rebaño de vacas, allá ua obra, aquí un prado… Me recordó la imagen que me hacía de los paisajes donde Los Cinco, serie de relatos juveniles de Enid Blyton, pasaban sus vacaciones y aventuras. Y la costa como suma de acantilados y calas de arena blanca.
Anotaciones sobre lo visto:
* Foz es un pueblo grande y turístico. En el puerto ponen mercadillo los martes y se pueden comprar ricas empanadas gallegas. Una playa tranquila, adecuada para que la tercera edad tome el sol, un espigón larguísimo y un paseo empedrado recorriendo la línea de mar desde el que se pueden observar las gaviotas que habitan en un peñón próximo. Se recomienda la ración de pulpo en el restaurante El Carro, frente a la playa, y un cucurucho de dos bolas en un bar esquinero a cien metros del restaurante. Un restaurante en el que no entramos: Tangarte.
* Las playas de la Mariña. Merecen la pena, sobre todo en marea baja. Se encuentran todas a pie del acantilado, tienen bandera azul, esto es, incluyen socorristas, duchas y primeros auxilios. En cualquiera de ellas el mar arrastra con cierta fuerza y, si hay olas, la tarde o la mañana se hacen muy divertidas. Es obligatoria la visita a la playa de Las Catedrales, cuyo nombre debe recogerlo de las formas que la erosión ha dejado en los acantilados: túneles, oquedades y hasta “contrafuertes de una iglesia” alfombrados por la arena en marea baja.
* Rinlo. Lo recomendaron en el camping pero no le vimos más que una iglesia de estilo anglosajón y un rincón junto a una fuente. Chocante que levanten el hórreo de dos aguas sobre la puerta del patio en alguna casa.
Comentario de Cosme: Antaño la gente del pueblo se dedicaba por el verano a la mar,por el invierno la cosa cambiaba ya que las embarcaciones eran pequñas,el puerto tiene mala entrada y esta en mar abierto,entonces la tierra y el ganado era su medio de vida. Por ese motivo las casas tenian dos alturas. En la planta de abajo estaban la cocina y las cuadras,y en la da arriba las habitaciones. Y si.Estaban encaladas,antes con barro y actualmente con cemento,para proteger la piedra de los temporales. En la entrada del pueblo hay una docena de casas nuevas,que no chalets.El 90% de las casas tienen mas de un siglo,incluso algunas mas de cinco.
* Ribadeo. Algo más que un pueblo grande. Semáforos, supermercados y la vista de la ría del Eo desde el puerto. Se divisa Castropol como un bello cuadro marítimo (y unos astilleros que ahora no recuerdo).
* Castropol (Asturias). Pequeño puebo de la ría del Eo pero bonito y vetusto. Se aposenta sobre una colina y las calles son largas. Parque con ermita y estupendas vistas de la ría.
* Viavélez (Asturias). El puerto fluvial aprovecha los meandros del río para proteger las barcas. Del puerto sale una ruta de senderismo de gran recorrido. Merece la pena.
* La porcía (Asturias). Un calita tranquila, apartada y llena de rocas bajo unos acantilados ferruginosos. Al lado hay una piscifactoría y una marisma donde las gaviotas pasan la mañana comiendo. Se pueden ver cangrejos con marea baja. El paisaje se descubre desde un mirador. Algún conato de “catedral” en el acantilado, peñón pajarero y algas marrones a unos metros de la playa. Para mí tuvo su encanto: baño en el mar, observación de marisco vivo, entorno “encantado”… Guarda un naufragio: el Valkemburg se hundió cargado de hierro en el siglo XX.
* Mondoñedo. Aunque las casas acaban repitiéndose, merece un paseo. La Fuente Vella es una fuente con un minúsculo anfiteatro alrededor. La catedral tiene un par de órganos tan inmensos y cercanos que, si uno de ellos sonara, el otro se destartalaría y caería al suelo hecho pedazos, además de conservar unos frescos antiguos. El barrio de Los Molinos es una pieza de museo en la que se ha parado el tiempo. Tiene un bar cuyas tapas son famosas por cantidad o tamaño. Nos queda pendiente.
* Taramundi (Asturias). La carretera de acceso desde Galicia está en obras y es una venganza, pero merece la pena cruzarla. De aquí parten unas rutas a pie o en coche, entre montañas y robledales, que recorren la historia industrial del agua y artesana de la zona. Especial mención al museo de los molinos de Taramundi. Se represa un río truchero para canalizar el agua hacia el museo y hacer funcionar varios molinos de todas las épocas históricas con los que uno mismo puede moler, bien a mano o abriendo el caudal. También incluye molinos de Brasil, India, China y una pequeña central eléctrica que en tiempos abasteció a la comarca.
Sí, la semana de vacaciones por Galicia siempre me impacta con algo.
deRibadeo dijo:
1/Octubre/2008 a 10:37 pm
Muy bueno, pero es Taramundi, no Tirimundi..xD
EZV dijo:
2/Octubre/2008 a 8:19 pm
Correcto, Tirimundi es el festival de Títeres de Segovia. Muchas gracias por la corrección, que presto hago.