Marruecos: Casablanca y Rabat

Paramos en Casablanca para ver la gran mezquita de Hasán II. Construida en un 80% sobre el mar, más que centro religioso es un ostentoso palacio de dimensiones titánicas pagado por el pueblo marroquí y construido por un arquitecto francés. He disfrutado de la piedad y el silencio, la paz y la brisa húmeda llegada del mar, bálsamos relajantes con los que me he cubierto mientras descansaba sentado a la sombra. Bajo este clima de meditación, me he acordado de Loredi y su viaje a la India con heridas en el pie, de mi familia y sus accidentes, de la comunidad cristiana y la boda de septiembre.

 

mezquita Hasán II

Antes de partir de Casablanca, esperando en el bus se han ido rompiendo los hielos entre nosotros. He conocido a nuestro conductor, Khalil, que me ha saludado muy amistosamente con un juego de manos como si me conociera de toda la vida. Me cuenta que su hermana vive en Morata de Tajuña, está casada por lo cristiano y tiene dos hijos. Espero que no quiera que le llevemos ningún paquete para entregárselo en España. Cualquiera sabe.

Una de las cosas más curiosas de Casablanca es la invasión de antenas parabólicas en azoteas y balcones. Da la impresión de estar ocupados por camadas de enormes “micky-mouse” blancos.

Es importante descansar mientras el microbús come kilómetros y el paisaje se repite. Arancha duerme, a pesar de la música, Yo también he logrado descansar y reducir las molestias del estreñimiento que se han instalado en mis cañerías. Aprovecho que viajamos de nuevo por autopista para anotar dos cosas. Mohamed llama “escañones” a los escaños políticos y “jodíos” a los judíos, lo cual ha provocado unas risas discretas entre nosotros; al chico vitoriano le han llamado la atención por tumbarse a la sombra de la gran mezquita. Un policía le recordó que era un lugar sagrado, como si a Dios le molestara que sus hijos descansen frente a un edificio donde no está encerrado.

Tras visitar un mausoleo en Rabat, nos llevan a un café, “el mejor de la ciudad”, donde pasar diez minutos dejando más dinero al primo del guía quien, por cierto, es nuevo y nos ha enseñado la ciudad. Allí nos informan de que no llegaremos a tiempo a Meknés, lo cual nos molesta sobremanera: para el café sí tenemos tiempo, para conocer nuevos sitios, no. Decidimos no tomar el café, pasear por los jardines de la Kasbah y dejar sin propina al nuevo guía, entre otras cosas, por su monótona explicación.

De camino a Fez, Mohamed ha tocado el problema del Sahara. Los catalanes, republicanos de izquierdas, han apretado las tuercas con la actitud de Marruecos en este asunto. Mohamed ha intentado defenderse desviando el tema hacia el problema de independencia vasco y catalán. En estos momentos, el microbús es un pequeño parlamento donde se debate de política española. Mientras, las salvadoreñas tratan de dormir.

En Meknés encontramos unos neumáticos ardiendo y oscureciendo el atardecer con un humo negro que se eleva junto a la muralla de adobe. Hay mucha vida nocturna, pero no la vamos a disfrutar, debemos continuar hasta Fez.

antenas

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