Acabo de terminar la biografía -”bibliografía” le dije a Santi- del padre Arrupe, escrita por Pedro Miguel Lamet. Es un librito de más de 500 páginas y una portada entre alegre y draculina, según la cara del sonriente jesuíta.
El libro se subtitula “Un profeta para el siglo XXI”. Creo que el subtítulo es acertado. La imagen que se me ha quedado de este hombre, después de leer esta biografía, es la de una persona que ha sabido ser persona, por encima de los conflictos con los que se ha encontrado a lo largo de su vida. Por un lado, una bomba atómica, por otro, una cultural, por otro, una religiosa. Y lo que es más importante, una persona que se ha puesto en las manos de Dios y se ha dejado llevar por él, confiado.
Persona fuertemente inquieta es aquella que logra un premio extraordinario en Medicina, por delante de D. Severo Ochoa, y acto seguido abandona los estudios para entrar como novicio en la Compañía de Jesús.
Persona confiada en la voluntad de Dios es aquella que le pide ser misionero en la desconocida nación de Japón, por aquel entonces, y tiene la paciencia de esperar diez años hasta lograrlo. Eso sí, con sus altibajos como buen humano.
Persona inteligente y abierta es aquella que, pese a ser vasco y tener un importante vínculo con su cultura natal, se olvida de sí mismo y de su aprendizaje para empezar de cero a conocer la cultura japonesa en un proceso que él llama “inculturización”. Y aprende el idioma, el zen, la ceremonia del té, el tiro con arco, la psicología japonesa…
Persona misionera es aquella que, encontrándose en segunda línea de tiro en el momento de la explosión de la bomba atómica, no huye de Hiroshima sino que se queda a curar a los supervivientes.
Persona de referencia es aquella que es elegida para gobernar una de las principales ramas de la Iglesia Católica, como es la Compañía de Jesús.
Persona obediente con sus votos es aquella que acepta la voluntad de los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, pese a que no la llegue a compartir del todo y sufra por ellas.
Persona extraña es aquella que duerme cuatro horas diaria, habla japonés, alemán, francés, inglés, trabaja desde que se levanta hasta que se acuesta, pone por encima a las personas sobre las normas, acepta a la gente tal y como es y sonríe, sonríe mucho.
Profeta, en suma, es quien se abandona a los destinos de Dios y convierte su vida en ejemplo para los demás.
Y la biografía de Lamet transpira todo eso, a pesar de que el libro refleje una descarada “parcialidad” hacia el protagonista, como si hubiera sido escrito por su mejor amigo, o que ciertas partes se encuentren un tanto noveladas, como el primer capítulo, o sean demasiado cansinas, como la sucesión de actos del padre Arrupe como General de los jesuítas. Gracias a las anécdotas finales, que lo suavizan para terminar.
Pero lo importante es la imagen global que transmite sobre Pedro Arrupe. Y sólo por eso merece la pena.
Ay dijo:
30/Abril/2009 a 7:28 pm
Sabía que hice bien en no cambiar de colegio cuando me lo propusieron al terminar la primaria, los jesuitas son la orden más avanzada del catolicismo, resulta reconfortante saber que se puede contar con la Compañía de Jesus y con el recuerdo de su nuclear(Sic) Arrupe en estos tiempos confusos y turbulentos que corren, así como puedo contar con la educación que me dieron hasta terminar la adolescencia, siempre he sido un poco rebelde y repetí dos veces, una en primaria y otra en secundaria, pero en el fonfo me gusta esa rebeldía (en lo intelectual), aunque no encaje con los estudios, pero para trabajar tampoco me ha venido mal, así que me gusta ser divergente e ir contra corriente, encaja bastante bien con el espíritu de los Jesuitas, grandes innovadores y misioneros, que nunca han sabido estarse quietos.
Saludos.