Amayuelas de Abajo

El pasado sábado estuve en un encuentro cristiano en Amayuelas de Abajo (Palencia).

El encuentro se centró en escuchar la experiencia vital de varias personas que, por estos motivos que oferta el Diablo, pasan a convertirse en excluidos de esta sociedad nuestra. Un preso, un ex-alcohólico, un discapacitado, un inmigrante, un toxicómano, un anciano, un joven (recluso), dos que optaron por vivir en el entorno rural… faltaron la prostituta, la mujer maltratada y una tercera que ahora no recuerdo, quienes no pudieron acudir por miedo a sus respectivos entornos.

Pasamos la mañana, gente de distintos pueblos, escuchando a estas personas, que  desnudaron su vida ante nosotros. Sus problemas estaban relacionados unos con otros: el divorcio me llevó a la bebida, me daba al alcohol y pasé a las drogas, llegó la hepatitis, luego la cirrosis, maltrataba a mi familia, en la cárcel no se puede uno evadir de otra forma, con este curriculum nadie me contrata, sin trabajo no puedo pagarme una habitación, vivo de la caridad, de una pensión, de Cáritas… Y claro, la gente no quiere nada conmigo y yo no me atrevo a nada, sólo pido comer.

La iniciativa parte de tres curillas rurales y muchos acólitos que entienden la Iglesia desde los pobres, los apartados, los necesitados. No es la primera vez. El año pasado, por Amayuelas pasó Leonardo Boff, por ejemplo. Ni siquiera el escenario es casual. Amayuelas es algo más que un barrio-pueblo de San Cebrián de Campos: es un proyecto. Un proyecto de recuperación del entorno rural, de su desarrollo y conservación, a través de la construcción en adobe, el reciclaje de residuos para mejorar el aprovechamiento de los recursos y reducir la contaminación, la recuperación de las semillas autóctonas naturales en lugar de las transgénicas de temporada…

Lo pasamos estupendamente. La comida, lentejas, pan negro y cordero, procedía del mismo pueblo. El café estuvo amenizado por un grupo folk y estos “okupas”, “alternativos”, o como les quieran denominar los hijos del prejuicio, nos enseñaron su trabajo en defensa del medio rural. Una jornada de escucha y reflexión sobre los desheredados de la sociedad en un entorno desheredado por el desarrollo. Y yo sentado delante del ordenador…

A ver si se logra…

Sospechosa ONG

Una ong ofrece leche de continuación gratuita para familias necesitadas. El criterio para determinar que una familia es “necesitada” es el siguiente: “Si tu nómina es inferior a 1.200 euros después de descontar el pago de tu hipoteca, entonces te lo podemos dar. Es que queremos ayudar a las familias en cuanto a la alimentación infantil para que ésta no sea una carga en estos momentos de crisis.” Quiero entender que otros criterios como “no tener nómina” o “tener nómina inferior a 1.200 euros” también son válidos para quedar encuadrados en la columna de “necesitados”, pero no queda claro.

“Nosotros cumplimos su criterio y, además, ella dejará unos meses de cobrar por estar de excedencia.”, les indicamos. “Ah, pues nada, siendo así, pasaros, pasaros…” (¡Demonios! Si puedo pasar unos meses de excedencia es porque tengo pasta para soportarlo, ¿no cree?).

El local está ubicado en un sitio muy céntrico de la ciudad, sin embargo, es un cuarto un tanto miserable. con dos sillas junto a una estufa eléctrica que funciona a toda potencia en un extremo, un termoventilador en el otro y un despacho que ocupa media sala. Hay unas escaleras hacia un sótano. El hueco está protegido por una barandilla de hierro forjado cubierta por cartones. Por cartones. ¿Será para que no entre el frío? ¿Acaban de hacer obras? Como que hubieran alquilado el local recientemente. De hecho, no se ve ningún tipo de cartel en las paredes. Eso sí, el cristal de la ventana es translúcido, como el de un bufete importante, y tiene grabados los objetivos de sus estatutos. Objetivos marcadamente generalistas: “Ayudar al desarrollo del Tercer Mundo e Hispanoamérica” (¿Ningún país de Hispanoamérica cae en el conjunto del Tercer Mundo?).

La charla dura poco y nos conceden la leche de continuación para seis meses. Y cereales. Y azúcar. A las natillas nos negamos. “Si me traen otros alimentos, os llamo por si queréis”. Ok, pero, ¿va usted a comprobar si somos una familia necesitada de verdad?. El caso es que no: ni piden nómina, ni de ella ni de él, ni hipoteca. Les basta nuestra palabra. Concedido. Sin más.

Nosotros, cómo no, agradecidos. A caballo regalado… Pero mosqueados: algo huele mal en Dinamarca. Siendo serios y buscando repartir con equidad, uno debería comprobar las necesidades reales de la familia, y discriminar a los que puedan estrecharse más el cinturón. ¿Por qué “lo regalan”? Sospechoso. “¿Has mirado la fecha de caducidad? No sea que fuera de 2006″, “Es de 2010″. ¿Qué motivo puede haber para semejante maná?

Mientras lo pensamos, investigamos en Infernet el nombre de esta ong y la única noticia que encontramos es, agárrate mamita, la condena a su presidenta en 2005 por robar a una anciana su patrimonio. No sabemos si la presidenta de 2005 sigue ostentando el cargo cuatro años después. En cualquier caso, “el regalo” se vuelve aún más sospechoso.

Nos barajamos dos alternativas: 1) consumirlo 2) enviarlo a familias necesitadas (que viven por debajo de la línea del Ecuador). Abogamos por la segunda.

En blanco y negro (VI)

¿Comer puré o ponerle una mascarilla de patatas y zanahorias en la cara?
Tanto da. Lo importante es que parte de la mascarilla llegue al estómago.
Eso sí, la sesión de belleza cuesta un babero diario más unos pantalones.
Pero el rey es el rey. Aguilucho él.

En blanco y negro (V)

El rey duerme.

Es el momento de: sacar la basura con los pañales decorados por su majestad, fregar el parqué, recoger la plancha, reunir los peluches-sonajeros-juguetes del monarca, pedir cita en la peluquería para después de la siguiente toma real , decidir quién de los dos acude a recoger los papeles en la notaría y el paquete de Mamen en Correos (¡muchas gracias, resalá!), actualizar el programa de edición de video en el portátil, lavarse la cara para eliminar las últimas legañas de esta mañana, poner la mesa, leer los emails de ayer, mirar cuándo será el próximo examen de psicología general para planificar el único y último repaso a los pocos temas leídos, imprimir la imagen del pequeño y triste reino en Addis Abeba gobernado por el durmiente y localizado anoche  en Google Earth tras múltiples intuiciones, escribir a los compañeros de trabajo con alguna foto del aguilucho y comprar más agua embotellada en el Metadona, para evitar que la cal de esta tierra se aposente en los riñones reales.

Con todo esto pendiente, ¿qué carajo estoy haciendo aquí sentado…?

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