Nuevos enlaces

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que mañana estoy de boda, he añadido unos cuántos enlaces en el Bazar por diversas razones. A saber:

Farah Diva es una amiga de la infancia que un día tuvo la lucidez de dejar que su corazón decidiera qué camino debía tomar. Los caminos del corazón son siempre difíciles al principio, pero mucho más satisfactorios al final que los caminos de la cabeza: ella decidió explotar su gusto por el baile y abrir una escuela de danza del vientre que funciona estupendamente gracias a su profesionalidad y pedagogía, y al apoyo de Antonio, naturalmente.

Sansón, o Rafa Vega, es un humorista gráfico de El Norte de Castilla, prensa regional por este lado del mundo. Tiene un estilo inconfundible, sus monigotes me recuerdan a mi primo Jose con esa barbilla siempre alta y esa mirada de circunstancias, y su humor es atinado y sencillo.

Morcegos de Galicia es una inciativa de la asociación Drosera, a la que pertenece mi amigo Roberto, biólogo gallego continuador de la labor del gran Félix Rodríguez de la Fuente (por eso de estudiar al lobo).  Ahora está participando en un grupo de investigación para el estudio y conservación de los murciélagos. A la familia hay que protegerla y darla a conocer, por eso un Zorro Volador tiene la obligación moral de incluir este enlace en su espacio de bosque digital.

Una mirada etíope

Una mirada etíope” es la experiencia de un oftalmólogo catalán llamado Tomás Martí Huguet, que un día viajó al Tigré, a la zona más empobrecida de uno de los países más empobrecidos del mapa terrestre, Etioipía, y desde entonces no ha dejado de volver, enganchado por la llamada que el Tercer Mundo clava en el corazón.

Huguet sabe de enfermedades oculares, las opera. Y tras pasar unas vacaciones operando en Etiopía, visitando domicilios y conociendo pueblos, gentes, iglesias y costumbres de la mano del padre Ángel y de sister Margaret, la monja irlandesa, regresa a su casa, a su trabajo, y cuenta el fuerte impacto que los etíopes le han dejado, su situación, su hambruna, su paciencia, su resistencia, sus necesidades… Al año siguiente regresa con un compañero de profesión, un año más tarde le acompañan otros más, la pequeña sala de operaciones se va haciendo conocida, la cola de etíopes con problemas de visión se va haciendo cada vez más grande frente a la puerta de la clínica de sister Margaret, deben ampliar, buscan un oftalmólogo etíope para que les ayude a mantener el ritmo del quirófano cuando ellos no están, el tracoma está muy extendido entre la población, los escasos especialistas prefieren atender en la capital, donde hay dinero, de España logran traer material adecuado para las intervenciones, necesitan formar a jóvenes enfermeras para ayudar en las mismas, Proyecto Visión va tomando forma…

Esto es sólo el hilo argumental de un libro que principalmente se extiende, en capítulos cortos e intensos, en narrar las experiencias que el autor tiene de su encuentro con los etíopes: las misas de diez horas, la entrega de fotos en poblados de difícil acceso, la enfermedad y la supervivencia de los niños, la ceremonia del café, los conflictos armados con Eritrea, el SIDA, la labor de los religiosos con la población (los que no salen por la tele)… Todo ello, envuelto en la historia del país, deja una sensación de lectura interesante y documentada.

Al final, Huguet hace balance de la necesidad de la condonación de la deuda externa a países en desarrollo y de la importancia de la labor de las ONGs que, con sus pequeños proyectos, muchas veces favorecen más al país que sus propios políticos.

Etiopía, un país que recuerdo a través de las imágenes que mostraba el telediario cuando llegaban las sequías y la gente se moría de hambre, un país de esqueletos envueltos en mantas del color de la tierra, de grandes corredores de fondo que han aprendido el oficio yendo a pie a un colegio que se encontraba a treinta kilómetros, un país de chistes sobre negros hambrientos… un país que se me ha hecho más cercano a través de este libro-experiencia de un profesional-voluntario que ha hecho de sus vacaciones una entrega a quienes necesitan de sus conocimientos.

Se lanzará desde el trapecio

Esta vez presenté dos relatos propios y uno escrito entre los amigos, a razón de una frase por persona. Aquí los dejo.

(1)

Se lanzará desde el trapecio. No se preocupe, hay red y llevará casco. Después acudiremos al puente de hierro. Allí le esperan los arneses y las cuerdas de goma. ¿Había hecho puenting antes? ¿No? Mejor. Una hora más tarde, en el aeródromo, subirá en la avioneta del comandante Albertos. Un par de ‘picados’ antes de arrojarse en paracaídas le liberarán definitivamente de esa pesadilla que le trae a mi consulta, se lo aseguro. No caerá más al vacío. Anímese, está en buenas manos.

(2)

- Se lanzará desde el trapecio en una hora si no le devolvemos la calculadora. Juega a nuestro favor el hecho de que está loco, de que no tiene reloj y de que ese trapecio mide menos de dos metros; en contra, que hemos destruido el aparato. Quiero a tres hombres apostados en el suelo…

- ¿No será en el tejado?, interrumpió el baboso.

- Nos lo prohibió el psiquiatra de este puto centro. Si el matemático de Fuensalida se suicida nos echarán a la habitación acolchada otra vez. Y lo peor es que nos dejarán sin postre.

(3, comunitario)

Se lanzará desde el trapecio. Y flotará, porque nunca ha tenido buena relación con la gravedad. Se posará gracilmente sobre las aguas plateadas. Todo será como un gran sueño. ¿Despertará en el mismo lugar de otras veces?, me preguntaba. Mercedes no había tenido una sensación tan real del futuro, sólo atisbos. Pero primero tenía que subir.

Mayalde

El día de la Comunidad castellanoleonesa, 23 de abril, pude asistir por fin a un concierto de Mayalde. Y me he vuelto “mayaldista” perdido. Folclore, historia, instrumentos sencillos como vasos, botellas ¡o una mesa!, o fabricados y adornados por ellos mismos (creo), casi salidos de un museo etnográfico, show divertido en el que el público participa de las canciones y del baile, humor, elogio de las antiguas costumbres musicales y denuncia de las nuevas tendencias… Un espectáculo de los que ya quedan pocos. Me quito el sombrero.

Recopilo aquí algunos videos de Youtube.

Con Bernabéééééé (es el instrumento con piel de cabra)

La mesa

La mesa, otra vez, con ironía

Mustafá

Otra

Y una especie de letanía graciosa en la que el cantante, en el papel de un feligrés llamado Saturnino que ha descubierto quiénes han robado en la iglesia, juega con el público, que hace las veces de párroco que pregunta al feligrés quiénes son los ladrones:

Párroco (público): Saturnino, dínoslo… dínoslo… dínoslo.

Saturnino (Mayalde): Ya os lo lilé…. ya os lo lilé…

Párroco (público): Saturnino, dínoslo… dínoslo… dínoslo.

Saturnino (Mayalde): Ya os lo lilé…. ya os lo lilé…

Párroco (público): Saturnino, dínoslo… dínoslo… dínoslo.

Saturnino (Mayalde): Los lalones, los lalones, los lalones, los lalones…

Párroco (Mayalde): Saturnino, Saturnino, no nos toques los…

50 euros por esto

En un día como hoy, en el que la primavera empieza a despertar calores pero mantiene el aire aún fresco, he tenido tiempo de pasearme por la Wikipedia. Saltando de un enlace a otro, he leído con cierto interés sobre temas variados que mis neuronas no recordarán, porque no son necesarios para mi supervivencia o felicidad (según se mire desde el Tercer o Primer Mundo).

He empezado por las construcciones en superadobe, obra de Nader Khalili, un arquitecto iraní. Casas distintas, baratas, resistentes a terremotos e inundaciones, y fáciles de construir por uno mismo con el material de la zona donde uno vive. ¿Se puede pedir más? Bueno, algo de calefacción, agua… Pero de gran utilidad para los más desfavorecidos:

Recuerdo el Club Bilderberg. Un grupo de personas influyentes de EEUUropa organizan una reunión anual para tratar un tema que les interesa sobremanera. A dicha reunión invitan a dos personas de distintos países, lo más influyentes posible, estilo político, banquero o periodista, con lo que al final son unas 100 ó 150 las personalidades que se juntan. De lo que tratan, sólo ellos lo saben. De hecho, no hay un sólo profesional del periodismo que cubra la noticia, ni siquiera un triste paparazzi que se acerque a tomar un robado. El contenido es secreto y no trasciende a la sociedad. O casi. Cristina Martín, una valiente periodista ha tratado de recoger información sobre este club, logrando publicar un libro que no he leído pero que dará, imagino, para pensar sobre la forma de controlarnos. Digo ‘valiente’ porque algunos han debido morir por intentar lo mismo. Y es que este club, según cuenta, está orientado a dirigir el planeta de manera silenciosa a través de la influencia de sus miembros en sus respectivos países, casi todos occidentales. Para lograr semejante obra, todo vale, incluso el asesinato, pero especialmente las guerras. Cuesta creerlo. Y más si entre ellos hay españoles, no tengo claro si como miembros permanentes o como invitados para temas concretos. Felipe González, Javier Solana, Rodrigo Rato, Esperanza Aguirre, Juan Carlos, Sofía y su hija Cristina, Juan Luis Cebrián… Lazos con la masonería, secretismo, influencia política y mediática… ¿Por qué las pocas noticias que trascienden de las reuniones de un club con semejantes miembros me resultan tan inquietantes? Si es verdad lo que dice esta periodista, va a ser necesario que abran las ventanas y corra el aire, o que se desintegren (ja ja) o que despierte la masa crítica y no se deje controlar. Pero, claro, para eso está la masa crítica agarrada por las pelotas con las hipotecas, el trabajo incierto y mal pagado, el deseo de vacaciones y lo que cuente el coño de la Bernarda en los programas rosas.

Para rebajar mi creciente tristeza, decidí empezar una investigación mediante la Wikipedia. Hay un pueblo en Ecuador con el mismo nombre que aquel del que procedo: Olmedo, en Valladolid (España). Me imaginé que esto se debería a que algún prohombre (mercenario, vaya usted a saber), antepasado familiar o no, acompañó las expediciones de conquista del Nuevo Mundo, acabó con la vida de varios indios y fundó una colonia con el nombre del pueblo donde nacimos. Lejos estaba mi imaginación de la realidad. Las investigaciones me condujeron a José Joaquín de Olmedo (1780), prócer de la independencia de Guayaquil (Ecuador) y que dio nombre a la localidad. Tirando del hilo, el prócer fue hijo del capitán Miguel de Olmedo y Troyano (1733), quien procedía, ¡oh, dioses!, de la Villa de Mijas, Málaga, no de la de Castilla y León, cuna de mis entretelas. Todavía tenía información a través de su padre, Agustín de Olmedo, pero ya se perdían los apellidos y mi interés por los enlaces de Google y la Wiki, así que concluí de la siguiente manera: “Agustín de Olmedo fue un mercenario olmedano que, en busca de fortuna, bajó a Mijas, Málaga, acompañando los rebaños a la vuelta de su trashumancia por la Ruta de la Plata y desvío aparte, participó en los negocios portuarios relacionados con  los viajes hacia el Nuevo Mundo, acabó con la vida de varios borrachos y buscapeleas, y terminó fundando una familia, dejando como herencia a su hijo Miguel el apellido de la villa que le vio nacer y una próspera carrera en el ejército. Lo demás, es historia”. Y me he quedado tan ancho.

Finalmente, he paseado por algunos blogs enlazados aquí a la izquierda y he descubierto que hay bloggers que publican con antelación el relato con el que participan en el concurso de microrrelatos de la Cadena Ser.

Qué día más inoperante, Señor.

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